HISTORIA DEL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA

Jimmy Hungría [Buena Lectura]

En vista del reciente acto de entrega a Ángela Hernández del Premio Nacional de Literatura 2016, es propicia la ocasión para repasar su historia y reiterar nuevamente que dicho galardón debiera llamarse Premio Nacional de Literatura Enriquillo Sánchez, quien fue su creador, su gestor, su artífice, cuando laboraba para el Banco Hipotecario Miramar, el cual, por iniciativa de Enriquillo, propuso en 1989 al entonces presidente Joaquín Balaguer la creación del premio dedicado a reconocer la obra de toda una vida de escritores dominicanos, con el patrocinio del Estado y de dicho banco.

El propio Enriquillo escribió en su columna “Para uso oficial solamente” (El Siglo, 8 de noviembre de 1989): “Se trata de fundir, en un solo bloque de inspirada estrategia cultural, al sector privado y al sector público. Si queremos cultura -si queremos la permanencia de la cultura y su vigoroso desarrollo- tendremos que contar con el empresariado y el Estado trabajando mano a mano. No hay otro camino. La lógica que los impulsa es firme y nítida: no habrá desarrollo sin cultura, lugar común que repito hasta la saciedad, sin novedades dialécticas, con la misma devoción de un catequista.”

Decía Enriquillo en su citado artículo de 1989: “Este premio es habitual en todo el mundo. Era, entre nosotros, una carencia señera. Ahora podemos decir que hemos dado un paso significativo. Será la cúspide generosa de nuestra vida literaria, que es un eterno Santomé verbal, espacio aguerrido en el que los aedas se desangran heroicamente. Ya recibirán, realizado el trabajo, un tributo merecido y justo.”

Concluía Enriquillo su referido artículo con estas palabras: “El Premio Nacional de Literatura es un paso hacia la organización, alrededor de unos cuantos y prácticos postulados, de nuestra vida cultural. El primero de ellos es la libertad. El segundo, acudir, siempre que sea posible, donde esos titanes que vencieron, con su ternura, su lucidez y su desgarramiento, el descaro de la página en blanco, esa monstruosidad que a muy pocos hombres excita.”

Enriquillo redactó las bases del premio y propuso que los rectores de las principales universidades del país integraran el jurado, del cual él fue secretario, con voz, pero sin voto, en representación del banco patrocinador. En su primera entrega, en 1990, Juan Bosch y Joaquín Balaguer recibieron el premio Ex-Aequo, en un histórico acto de cuya organización fue responsable Enriquillo. Tiempo después, el banco quebró y luego, tal como expliqué en mi artículo “Sobre el Premio Nacional de Literatura” (Listín Diario, 1ro. de febrero de 2006), el galardón pasó a ser auspiciado por la Fundación Corripio, por iniciativa de quien era su director ejecutivo, Manuel Rueda, con el aval de la Secretaría de Estado de Educación entonces y del Ministerio de Cultura actualmente, con el propósito de “honrar por una sola vez a la persona que haya dedicado su vida al engrandecimiento de las letras dominicanas”.

Ya con el auspicio de la Fundación Corripio, han sido sucesivamente premiados, de 1992 a 2016, Manuel del Cabral, Pedro Mir, Manuel Rueda, Antonio Fernández Spéncer, Marcio Veloz Maggiolo, Virgilio Díaz Grullón, Lupo Hernández Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Víctor Villegas, Carlos Esteban Deive, Hilma Contreras, Franklin Domínguez, Andrés L. Mateo, Diógenes Valdez, María Ugarte, Diógenes Céspedes, Bruno Rosario Candelier, José Alcántara Almánzar, Mateo Morrison, Jeannette Miller, Armando Almánzar, José Mármol, Tony Raful, Roberto Marcallé Abreu y Ángela Hernández.

Sería bueno que en lo adelante sea denominado Premio Nacional de Literatura Enriquillo Sánchez en justo homenaje al creador, gestor y artífice del galardón, del mismo modo que tenemos, en los premios anuales de literatura que otorga el Ministerio de Cultura, el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña (que Enriquillo ganó en 2003 por su obra “El terror como espectáculo”), el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña de Henríquez (que Enriquillo ganó dos veces, en 1983 por “Pájaro dentro de la lluvia” y en 1996 por “Memoria del azar”), el Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván, el Premio Nacional de Cuento José Ramón López, etcétera.


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