WALTER

José del Castillo Pichardo, Diario Libre, 5 de febrero 2021

A punto de cumplir 50 años de mi ingreso a la UASD, me embarga la pena de esbozar la estela meritoria del fraterno Walter Cordero, un académico consagrado, ser humano excepcional, con quien compartí este ciclo vital, abruptamente cerrado hace apenas unos días con su fallecimiento.

Despuntaba 1971 y llevaba cinco años radicado en Chile, donde la UP encabezada por Allende iniciaba entusiasta la luego frustrada “vía chilena al socialismo”. Isis Duarte -quien hizo en FLACSO la maestría de Sociología- me urgía con insistentes cablegramas a participar en unos concursos que celebraría la UASD para reclutar nuevos docentes. Dubitativo, al final accedí y me embarqué rumbo a Santo Domingo.

Dirigía el Departamento de Sociología Dagoberto Tejeda, todo un personaje con quien hice química inmediatamente. Él, como Rolando Pérez Uribe, Giuseppe Rímoli y Walter Cordero, profesores de planta, egresaron de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, al igual que Radhamés Mejía y Leovigildo Báez.

Entre los concursantes de ese ciclo, se hallaban José Ricardo Roques, Manuel Cocco y Martha Olga García, graduados de la prestigiosa Universidad de Lovaina, Bélgica, quienes impartirían cátedra en las sociologías Rural, del Conocimiento y de la Familia. Otro de Lovaina era Rafael de la Rosa. Los profesores belgas André y Andrea Corten, junto a Jacques Zylberberg, influyentes en los inicios de la carrera, dejaron el país a raíz del conflicto del 65.

De La Sorbona venían Max Puig, Víctor Livio Cedeño, Manuel Sosa Pichardo, Porfirio Hernández Quezada, Nabila Hamza, Michel Bordeau, y Amaury Justo. De Columbia, Eduardo Latorre, doctorado en Ciencias Política, impartiría Sociología Latinoamericana. Jorge Cela, jesuita cubano con máster en Antropología de Illinois, reforzaría el rol de June Rosenberg, antropóloga de Columbia. Fernando Valdez, de la U. de Kansas, era otro recurso.

Irma Nicasio, de las primeras promociones de la Escuela de la UASD, poseía doctorado en la U. de Münster, Alemania, mención metodología de la investigación. Mientras Mario Bonetti, con maestría en la U. de Heidelberg, realizaría doctorado en Sociología e Historia en Erlangen-Nurenberg con tesis sobre el caudillismo, y estudios latinoamericanos en Münster.

Estos refuerzos académicos se sumarían a Luis del Castillo Morales, Jimenes Grullón, Franklin Franco, Dato Pagán, Hugo Tolentino, Tirso Mejía Ricart, Emilio Cordero, Chito Henríquez, Andrés Avelino, Rafael Deláncer, Miguel Mendoza, Bolívar Batista, Carlos Ascuasiati, Héctor Cabral Ortega, Juan Ulises García Bonnelly, Rafael Villalba.

Magaly Pineda, formada en la UPR, coordinaba con eficacia las secciones servidas al CU. Cholo Brenes, con estudios en Derecho y postgrados en Madrid y Chile en Ciencias Políticas, impartiría Sociología Jurídica. Engrosó el profesorado Miguel Cocco, como luego el sociólogo Rubén Silié, con maestría de la École Pratique de Hautes Études de París en Historia. De Francia, la pareja de economistas José Serulle y Jacqueline Boin impactaría. De Italia, la filósofa política Vanna Ianni. Asimismo, la economista ecuatoriana América Bastidas.

Este elenco académico insuflaría impulso renovador a las ciencias sociales en el país. Se reestructuró el Plan de Estudios de la carrera de Sociología. Surgieron proyectos de investigación colectiva como el de Tendencias de la Sociedad Dominicana (textos sobre Gulf & Western en RD, Economía Cafetalera, Elecciones, Movimiento Obrero, Prensa bajo Gobierno de Bosch). Se publicaron los Cuadernos Universitarios con material de apoyo actualizado (clases sociales, reforma agraria, corporaciones multinacionales, teoría de la dependencia y estudios latinoamericanos). Y un texto para el Colegio.

Desde la Dirección de Investigaciones Científicas se promovió un amplio programa de conferencias extramurales en recintos culturales, profesionales, sindicales, empresariales, para llegar a nuevos públicos. La revista Ciencia canalizó -junto al intenso plan de publicaciones de libros- los avances multifacéticos de las investigaciones en curso. Años después se crearía el CERESD, de frutos meritorios.

Walter Cordero fue un factor esencial en todas estas iniciativas germinales, tanto en el proyecto Tendencias como autor del libro sobre la economía del café (1955-72), en Ciencia con un ensayo luminoso acerca del tema del negro y la discriminación racial en el país, así como en calidad de conferencista y coeditor de Cuadernos.

En éstas y otras facetas colaboramos activamente bajo el deseo de dar lo mejor de nuestras capacidades profesionales. Así, como docentes, en un curso monográfico organizado por Tirso M-R, editado por la UASD en 1982: La sociedad dominicana durante la segunda República 1865-1924. Desarrollando un capítulo que motivó ediciones previas de la Fundación García Arévalo: La Economía Dominicana Durante el Primer Cuarto del Siglo XX (1979).

Nuestra relación trascendió lo académico, al asociarnos en estudios aplicados como un proyecto de evaluación de un modelo de cooperativas de base sindical para el CEA en la gestión de Álvarez Bogaert. Instalamos Consultores Asociados (Consulta), que realizara importantes estudios sobre comportamiento electoral con respaldo de la Friedrich Ebert, análisis de medios de comunicación, seguimiento de campañas, entrenamiento de personal electoral, encuestas de preferencias, balances de los estudios políticos. Publicando varios textos en coautoría.

Junto a colegas como Miguel Cocco y el tío Pilín Pichardo, disfrutamos con Walter jornadas de pesca nocturna con batería en Palmar, pródiga en chillos. Ya en Caucedo, con captura de morena belicosa y apacibles cangrejos rojos de La Caleta. O en los atardeceres, apostados en los acantilados frente a la Feria Ganadera y Manresa, tirando anzuelos para matar el tedio.

Formamos tropa excursionista con Manolito García Arévalo, los doctores Mañón y Morbán Laucer, José Martínez, en ocasión Kasse Acta, Dato Pagán y Vallenilla, otras Rubén Silié y Ruggiero Romano, para recorrer los caminos extraviados del terruño. Montear por las lomas de San Cristóbal, Baní y Ocoa, y las llanuras azuanas, con sus roncos misterios de viejos ingenios coloniales y modernos escondidos. Rodar por la zona azucarera del Este con su envolvente aroma de melaza, los cocolos panaderos del alba y esos nísperos sabrosos del Soco. Con chapuzones refrescantes en playas prohibidas majaderamente.

Dato llevándoselo el río. Mañón apurando el maroteo. Morbán reconviniendo al Gallo. Ruggiero, simulado ejecutivo de la Gulf, destrabando el paso a la playa. Estampas que quedan.

Excursión larga a Santiago-Puerto Plata-la Línea-la Frontera Norte, con pernoctaciones en Playa Dorada y en la casona hospedería de la gobernadora de Dajabón -madre de Fulgencio y Bolívar Espinal. Las enormes tortas de casabe cocidas en los burenes de Monción. Día de mercado binacional en Loma de Cabrera con reguero de sombreros haitianos. Mesa generosa, tratados como reyes por la jefa de los Espinal. Pailas dulceras monumentales cociendo trozos ambarinos de naranjas con el prieto melao.

A finales de los 80 Walter y Bienvenida hicieron su experiencia migratoria. España brindó espacio al ejercicio odontológico de esta demandada “mora” banileja y al desarrollo académico de su compañero, quien cursó doctorado en Geografía en la U. de Alicante.

Viaje a Galicia junto a Manolito y Francis buscando las huellas de la emigración masiva a América. Gratos momentos en las Rías Baixas del Miño. Conexión con las Canarias, origen demográfico de San Carlos y Baní, y de la presencia de Walter en La Gomera y Tenerife para documentar estos lazos, que continuaría con artículos en Cuaderno de Etnografía Canaria.

Aparte de la historia del café y su complejo económico social -un tema casi obsesivo que lo marcó desde que nos conocimos medio siglo atrás, llevándolo a organizar en 1990 una magnífica exposición de cara a la instalación de un museo monográfico en Baní, con auxilio de Reina Alfau-, sus campos de interés se abrieron hacia otros focos.

Recuerdo aquellas visitas a las “lomas de chivo” de Peravia en compañía de Francis y Manolito para indagar el trabajo artesanal con las fibras de guano y cana. Las manos callosas curtidas de mujeres viejas, con los surcos marcados por el tiempo, trenzando, hacendosas, hojas palmeras secas para realizar el milagro del macuto y las árganas rurales. La queja ante la falta de relevo generacional en el oficio. De allí varios ensayos de Walter, como “Sol y sombra: las vicisitudes del sombrero vegetal”, publicado en Estudios Sociales, “Los recipientes de bejucos en la cestería dominicana” o “Tres expresiones de la cestería dominicana”.

El interés ecológico de este apacible amigo, lo llevó a producir textos como “Depredación ambiental y preocupación conservacionista en República Dominicana”, aparecido en Verdor de la ACRD, así como originales estudios ornitológicos que muestran el carácter multifacético de su sólida obra autoral.

Con quien fuera su compañera, Neici Zeller -adscrita al Departamento de Historia de William Paterson University-, elaboró uno de los ensayos históricos más novedosos centrado en la función del desfile bajo la rígida égida marcial de la Era de Trujillo, con sus complejidades y complicidades.

En ocasión de un congreso de arquitectura en Tenerife, nuestro Walter presentó un estudio comprensivo sobre el bohío dominicano como modelo predominante de vivienda, que todavía en 1935 representaba el 78% del inventario censal, publicado por Clío en 2003.

El amor devocionario por Baní, su gente y cultura, quedó de manifiesto en el magnífico prólogo a la obra Juan Manuel, una narración centrada en el desarrollo de la caficultura comarcana de finales del XIX y las tres décadas iniciales del XX, de la autoría de Francisco Xavier Billini Brea. Memoria de la colonización de la montaña banileja durante la expansión cafetalera del pasado siglo.

Reunir y difundir su obra. Concretar el Museo del Café. La mejor forma de honrar a Walter. El buenazo que se nos fue.

Enlace de la noticia: https://www.diariolibre.com/opinion/lecturas/walter-OO24199557


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