PARA CONTAR EL CORAJE NUNCA HABRÁ LIBROS SUFICIENTES

Vianco Martínez, acento.com.do, 25 de noviembre 2020

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Darío Tejeda cuenta la historia del Movimiento Popular Dominicano (MPD), un partido forjado entre la sangre y la esperanza, en el libro Enfrentar la fiera en su propia madriguera. El MPD contra Batista y Trujillo. La resistencia en Cuba y República Dominicana, premiado por el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana.

Llegaron a Cuba, procedentes de Puerto Príncipe, en un bote de doce pies, una vela y dos remos, que tenía por nombre Bon Dieu (en español “Buen Dios”). Habían salido de Santo Domingo por tierra hacia Haití y fueron detenidos por el gobierno golpista de Paul Magloire. Y allí, en cárceles que semejaban los infiernos, estuvieron cuatro meses. Un día partieron hacia Cuba, donde pensaban llegar como exiliados; Trujillo se enteró y mandó una fragata a interceptarlos, pero la nave se dañó en el camino y no les pudo dar alcance. En Cuba mandaba Batista y la situación política estaba muy convulsionada.

“El ambiente político en Cuba —afirma Darío Tejeda—, estaba cada vez más enrarecido. Los ánimos se caldeaban crecientemente. Los acontecimientos estaban acelerando un desenlace. El núcleo emepedeísta sabía que, si Cuba despertaba, despertaba Santo Domingo. Eso parecía inevitable en el contexto histórico de aquel tiempo, por las articulaciones entre los movimientos de resistencia política antidictatorial de los dos países, dentro y fuera de estos”.

En el otoño de 1956 Cuba despertaba al ritmo de las marchas estudiantiles, las huelgas obreras, los bloqueos de carreteras, las manifestaciones callejeras, la propaganda clandestina… y también al ritmo con que eran repelidas las agresiones batistianas.

Ese fue el tiempo en que Batista dio la orden de ni presos ni heridos y llenó a Cuba de sangre por los todos puntos cardinales.

América Latina estaba cantando una canción muy triste. Un continente que ama la alegría y que nació para la esperanza, de pronto, se puso a llorar. Lloraron sus madres y lloraron sus hijos. Los campos y las cordilleras, lastimados; los ríos, ensangrentados; y las ciudades y sus litorales, horadados por la violencia convertida en política de Estado. Pero América Latina se levantó y se hizo militante. Y el Caribe no fue la excepción. Cuba era un volcán en erupción y en la República Dominicana se estaba gestando una turbulencia.

Se levantaron las aguas de los ríos y se sublevaron los mares, que se abrieron para dejar ciudades y se pusieron de pies todos aquellos que habían sido lastimados y todos los convidados del olvido. Y se empezó a escribir la historia de otra manera.

Estaban pasando las calmas de invierno cuando, en ese contexto, un grupo de exiliados dominicanos fundó, el 20 de febrero de 1956, en una vieja casa de La Habana donde vivía el periodista Julio César Martínez, el MPD, Movimiento Popular Dominicano.

[1] Darío Tejeda, Enfrentar la fiera en su propia madriguera. El MPD contra Batista y Trujillo. La resistencia en Cuba y República Dominicana. (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 2019), 128. donde vivía el periodista Julio César Martínez, el MPD, Movimiento Popular Dominicano.

Ya se evidenciaba que aquel sería un año crucial en la historia de Cuba y de toda América Latina, una tierra que estaba infectada de tiranos por las cuatro esquinas.

El grupo estaba compuesto por Pablo Antonio Martínez, Máximo López Molina, Julio César Martínez, Tiberio Castellanos, Alfonso Espinal, Manuel Leovigildo Piña, Víctor Orzatellis Matos, José Moscoso, Oscar Álvarez Tineo, Ramón Emilio Mejía (Pichirilo), los hermanos Andrés y Francisco Eleuterio Ramos Peguero y Esperanza Font. Esta última era esposa de Pompeyo Alfau, un maestro constructor que había ido con Juan Bosch a Costa Rica a llevar un cargamento de armas mandado por Prío Socarras al Presidente José Figueres para que se defendiera de los ataques militares de su vecino, el tirano nicaragüense Anastasio Somoza.

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