A CÁCERES, COMO A OTROS DOS PRESIDENTES, LO IBAN A MATARL TENÍA DATOS, PERO NO HIZO NADA

Miguel Febles, El Día, 17 de noviembre 2020

SANTO DOMINGO.-Debían de ser las 4:00 de la tarde de aquel 19 de noviembre, se cumplen el jueves 109 años, cuando el presidente Ramón Cáceres se disponía para su salida habitual por la Carretera del Oeste con un edecán y el cochero. Aquel día lo iban a matar.

Pedro Troncoso Sánchez, quien ha escrito una biografía laudatoria del caudillo mocano, dice en la página 393 de la obra titulada Ramón Cáceres, que la normalidad de aquel 19 de noviembre de 1911 no empujaba a suponer que sería el de una tragedia nacional.

“Ni en la vida de Mon ni en el discurrir de la vida local y nacional había ocurrido nada digno de mención (…)”, escribe, y más adelante agrega: “Nadie hubiera vaticinado que aquella calma era la precursora de una vorágine que hundiría a la República (…)”.

Hizo Mon aquella mañana cosas de domingo, recibió algunas visitas, jugó billar con uno del complot, almorzó, hizo siesta, “se vistió con pantalón y chaleco blanco y saco oscuro de paño”, cuenta Troncoso, y se dispuso para el paseo.

Otra versión

En su crónica histórico-política titulada De Lilís a Trujillo, página 74, Luis Felipe Mejía dice de este episodio de la vida nacional, que el presidente “fue hasta San Jerónimo con el coronel Ramón Pérez, jefe del cuarto militar, y visitó a don Juan de la Cruz Alfonseca, allí domiciliado, a quien le unía una vieja amistad de familia”.

Los que lo iban a matar, a la cabeza de los que se hallaba el general Luis Tejera, se situaron frente a Güibia, en la estancia de Pedro Marín, donde caería el presidente Cáceres. Plutarco Mieses le había informado de la conjura, pero no hizo nada para frustrarla, acaso convencido, como sugiere Troncoso, de que nada le pasaría.

Cuando el presidente llegó al lugar de la emboscada, cuenta Luis Felipe Mejía, “Jaimito Mota atravesó su carro en la avenida y salieron todos, revólveres en manos, deteniendo la victoria (coche en el que iba el presidente), e intimándole la rendición”.

El grupo, dice, estaba compuesto por: Luis Felipe Vidal, Augusto Chottin, Jaime Mota, José Pérez, Julio Pichardo, Pedro Andújar, Wenceslao Guerrero, Esteban Nivar, Raúl Francheschini, Enrique Aguiar, Porfirio García Lluberes, José García, Pedro María Mejía, Juan Herrera Alfonseca y algunos peones de Tejera, líder de la trama.

Doce años atrás

Hacía 12 años y unos cuatro meses que otro presidente, Ulises Heureaux, Lilís, ajeno al resuello de la muerte a su lado, se paseaba el 26 de julio de 1899 por el Cibao en un esfuerzo pacificador.

Fue el primer magnicidio de tres que ha tenido la República en dos presidentes y un jefe.

Lilís, de acuerdo con Luis Felipe Mejía, había ido a las 3:00 de la tarde a visitar a Jacobo de Lara en Moca. Unos minutos después lo iban a matar y aunque tenía en su cuerpo la información de la trama y de sus cabecillas, no quiso enterarse.

Mejía lo cuenta de un tirón: “El 26 de julio, Lilís, después de haber terminado sus gestiones en Moca, estaba listo para partir. A las dos de la tarde dejó su caballo en el almacén Lara Hermanos y fue a despedirse de don Jacobo de Lara, quien, desconociendo la conjura, le presentó sus dos hijos. Mon Cáceres aguardaba en la tienda del mismo señor de Lara. Lilís andaba solo, como de costumbre, debiendo reunírseles sus edecanes en el camino.

Bravo en extremo, de reconocida sangre fría, tirador excelente con la mano izquierda, pues tenía la derecha inutilizada por un balazo, (…). Jamás quiso aparecer que se cuidaba. Al salir de la casa un mendigo le pidió una limosna.

Mientras se la daba se acercó Mon Cáceres después de ordenar al grupo no intervenir en la lucha, sino en el caso de verle sucumbir, pero Jacobito de Lara corrió precipitadamente de la tienda de su padre y a quemarropa hizo el primer disparo, hiriendo a Lilís por la cabeza. Aunque no le interesó el cráneo, lo puso en estado de semi-inconsciencia. Mon Cáceres le atacó de frente, disparando repetidas veces.

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