LA LITERATURA NO DEJA DE SER CREACIÓN POR BASARSE EN HECHOS REALES

Rafael Peralta Romero, El Nacional, 22 de agosto 2020

La literatura no deja de ser creación porque el autor se haya fundamentado en hechos y personas reales para diseñar los personajes y atribuirles las acciones que constituirán la trama de su obra.

El realismo ha fungido como componente activo de la novela desde sus tiempos primigenios, no obstante incluirse en la definición de este género literario que se trata de un escrito “de hechos ficticios”. Es lo que ha hecho Andrés Melo Medina para lograr su novela La joven de los dos Toyotas.

Un escritor neófito podría andar preocupado porque no le llegan los temas para componer una novela. Quizá haya sido influido por autores que se empeñan en crear obras narrativas al margen de la realidad circundante, esa misma realidad que viene a menudo repleta de hechos y situaciones mucho más novedosos y extraños que aquellos que pueda crear la imaginación.

En otras circunstancias, el aspirante a escritor podría dormirse esperando la inspiración, entendida esta como una fuerza superior que penetra la conciencia de la persona y la conduce, cual amanuense que toma un dictado, a componer la pieza literaria.

Tanto uno como el otro camino pueden resultar equivocados, porque soslayan la principal fuente de abastecimiento temático para creador literario, quien habrá de crear ficciones a partir de realidades. ¿Paradójico, verdad?

No hay que temer: la literatura no deja de ser creación porque el autor se haya fundamentado en hechos y personas reales para diseñar sus personajes y atribuirles los hechos que constituirán la trama de su obra. El narrador debe estar preparado para fantasear la realidad y por igual para contar sucesos irreales con similar convencimiento a si fueran ciertos.

La joven de los dos Toyotas, novela de Andrés Melo Medina, se ajusta a ese modelo de obra de creación. Ha sido compuesta a partir de una serie de circunstancias que rodean la pesarosa, existencia de la joven Mariana Alfonsa Portorreal, cuyos avatares superan los que contara Gabriel García Márquez en torno a la cándida Eréndira, y que dotan a esta obra de una intensidad dramática y un interés no común.

Melo ha conducido a Mariana por caminos cubiertos de breñas y asperezas. La Muchacha ha tenido que vivir como un personaje de la picaresca, con la diferencia de que en vez del hurto ha tenido que vender sus servicios sexuales para mantenerse con vida.

Se lanza a callejear a partir de cuando abandona el hogar que la acogía, de padres adoptivos, tras ser abusada por el jefe de familia, de quien esperaba cariño paterno. Se torna en una trotamundos y se mueve entre los riesgos de la calle y el trato de todo tipo de clientes, como si anduviera entre tigres y leones.

Estas aventuras de Mariana tienen un punto de partida: la muchacha fue abandonada por su madre, después de una calamidad que afectara a la progenitora. Intervienen varios personajes que influyen en el destino de la muchacha, en primer lugar destaca que fue protegida por una familia generosa. Un hombre en un auto Toyota y otro hombre en otro auto de esa marca resultan como ángeles enviados en diferentes momentos de la infausta historia de la muchacha.

En esta obra, Andrés Melo Medina ha partido de un modelo real para estructurar una magnífica historia de ficción. Desde el principio he planteado que en la realidad social están los mejores insumos para la creación literaria, sobre todo para los géneros cuento y novela. Melo ha logrado que hechos imaginados se lean con interés y lleguen a tocar los sentidos interiores de los lectores como si se tratase de las historias más ciertas y fidedignas.

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