UNA NOCHE DE PALOMAS; EL DELEITE DE ESCRIBIR

Rafael García Romero, El Día, 28 de julio 2020

Hay escritores que trabajan de forma profusa y silenciosa, con disciplina y ahínco, pero publican sus obras de manera espaciada. Así ocurre con Amable Mejía.

Su primer libro “Días de semana”, (un poemario) lo publicó a principios del siglo 21 (o sea, en 2001). Tres años después publica una colección de cuentos (“Entre familia”, 2004).

En 2007 publica su segundo poemario (“El amor y la baratija”). Al año siguiente tenemos a mano su primera novela (“Primavera sin premura”, 2008); y cuatro años después publica otra novela (“La isla de los hombres felices”, 2012).

A continuación, pero con una distancia de varios años, publica dos libros de poesía (“Novo mundo, himnos”, 2015) y el siguiente se pondría en circulación cuatro años después (“El otro cielo”, 2019).

En “Muerte en noche de palomas” el personaje central (el joven Idelfo Bravo) actúa como pensador del relato; y resulta que es el narrador, al mismo tiempo.

En el desarrollo de la novela piensa a los amigos (Carlos Pablo, Olegario y Silverio) y sus andanzas comunes; piensa a la madre (sin nombre, anónima y con poco diálogo), sin trabajo u oficio remunerado conocido; piensa al vendutero de la barriada (se llama Lucio), piensa al personaje de fuerza y eje de la narración (Juana Dolores, autora de un singular diario que figura como la segunda parte de la novela); piensa en una novia fugaz (Delia).

Y piensa en él mismo, a través de las situaciones asociadas en el desarrollo del argumento.

Así, con esa técnica de trabajo, el pensamiento se convierte en las aguas de un río que irriga todos los rincones posibles e imaginados en “Muerte en noche de palomas”, novela que subyuga por su lectura amena y fluida.

Enlace de la noticia: https://eldia.com.do/una-noche-de-palomas-el-deleite-de-escribir/


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