MIGUEL YARULL: “LA LITERATURA NO PUEDE SER ALGO ENCUMBRADO, ALGO LEJANO A LAS PERSONAS”

Argénida Romero, Diario Libre, 16 de julio 2020

Una señora pelea con dos hombres que, montados en una motocicleta, quieren robarle. La defensa perspicaz de la mujer no sólo evita el robo, sino que voltea la situación a su favor: se lleva la motocicleta.

“El motor estuvo en casa como por cinco años”, dice el escritor Miguel Yarull sobre el episodio vivido por su madre, hace casi cuarenta años, y lo narra tal y como sus cuentos, con el guiño de lo inesperado que no solo nos muestra al Santo Domingo que cambia y permanece en su obra, sino que muta a la incertidumbre de estos días en las páginas de su tercer libro de cuentos, Turbulencia.

Y sobre este libro y su visión transmedia de la literatura, con un metro de distancia y mascarillas puestas, Yarull conversa con Diario Libre.

Entre Bichán y Turbulencia hay un elemento diferenciador. En Bichán los personajes se narran desde el interior, con menos elementos del exterior. En Turbulencia parece pasar lo contrario. ¿Fue intencional o hubo un proceso entre ambos libros que te llevo a incluir más elementos del exterior de los personajes?

Todas las primeras experiencias, sea un libro, una película, un disco, todas las operas primas, nacen de muchas interioridades, de mucha meditación. Casi en todas las operas primas el escritor quiere poner todo lo que hay de él, porque toma mucho tiempo por lo general poder publicar, poder filmar, poder grabar un primer disco, un primer libro, una primera película. Las operas primas salen de un proceso muy introspectivo y a la medida que uno va progresando como artista, en este caso como escritor, empieza a proyectar y empieza a absolver mucho más lo que pasa a su alrededor y a adaptarlo a una literatura. Creo que es un proceso que viene mucho con el crecimiento, con la lucha de querer retratar más lo que hay alrededor y cómo eso afecta a la gente y se va volviendo inverso.

También tiene mucho que ver con el género en el que uno escribe. Y tu pregunta es una que se hicieron los griegos, ¿qué es más importante, la trama o el personaje? Y tiene mucho que ver con el momento creativo que uno vive. Si uno está escribiendo comedia, por ejemplo, probablemente la trama pese más que el personaje. Si uno está escribiendo teatro, el personaje es lo que termina sobresaliendo. Y quizás cuando me senté a escribir Turbulencia no fue un proceso muy consciente de permitir que la trama pese más que el personaje… pero bueno, definitivamente uno empieza a vivir un poco más hacia afuera a medida que va creciendo. Y una observación, no fue provocado, no fue a propósito. Sencillamente, va sucediendo. Por ejemplo, en el cuento en este libro sobre la pandemia, me tomó muchísimo tiempo pensar cómo iba a reflejar lo que estaba viviendo. Respeté tanto este proceso, todo lo que viví, que no sabía cómo entrarle, hasta que un hecho detonó la idea que termina siendo el cuento. Es como… ok, tengo el personaje pero no tengo que lo va a detonar, entonces un hecho termina siendo el catalizador del personaje.

Tomando en cuenta que abordas en Turbulencia esta situación presente de la pandemia en uno de tus cuentos, ¿piensas que es importante obviar las narrativas externas desde la particularidad de lo que somos?

No. Creo que aunque el termino globalización ha sido gastado y pueda resultar atrasadísimo, la experiencia de nosotros es universal, porque, y no quiero brincar de tema en tema, pero creo que soy un ejemplo de cómo una historia muy típica, muy local, puede tener vocación universal. Alguien dijo que mientras más particular, más universal. Es como una máxima en el mundo de los escritores. Ningún ser humano debe aislarse del mundo, por más isla que seamos. Lo que si tenemos que hacer es entender quiénes somos y como respondemos a los que nos pasa y creo que es como la llave de todo lo que escribo, el hecho de cómo nos relacionamos como isla, como país, a todo lo que nos pasa en el interior, desde dentro como desde fuera.

En el caso de la pandemia, si abres una red social te das cuenta que sentimos lo mismo que un ruso, un polaco, un chileno. Nuestras experiencias son tan similares a pesar de que nuestras diferencias culturales sean tan grandes, que creo que volviendo a que mientras más particular más universal, nosotros no podemos vivir de espaldas, aunque geográficamente estamos aislados, no estamos aislados. Pero sí somos únicos, somos muy particulares. Decía en una entrevista que mi calle tiene 70 días vacía pero sigue siendo mi calle, todavía la gente pasa, nos saludamos desde las mascarillas. No dejamos de ser quienes somos a pesar de la pandemia.

¿Eres de los escritores que piensan que estas experiencias como la pandemia deberían ser reflexionadas antes de escribir o de los que desde la semana uno escribe sobre ella?

No quiero ser controversial. No soy un escritor inmediatista, no puedo serlo. Tengo que decantar mi trabajo, permitir que lo que pasa a mi alrededor entre. Todo mi proceso creativo tiene que ver con el trabajo del subconsciente, cómo lo voy a procesar y cómo lo voy a decir. Respeto mucho a las personas que pueden escribir algo y publicarlo de inmediato. Conozco quien se reta a escribir a diario sobre la pandemia y eso está muy bien. Podría hacerlo, pero no creo que sea mi vocación, ni lo que quisiera que fuera el cuerpo de mi trabajo.

Escribir a la distancia y con paciencia te da armas para entender el desenlace de una situación, lo que lo provocó, hacia donde nos lleva, que la inmediatez. Muchas veces escribir sobre un hecho que te impacta en el mismo momento tiene sus efectos de vigencia que quizás una literatura más que se sienta, que se toma su tiempo, no lo tiene. Pero a la larga, a mí me gusta más el sedimento de la experiencia que la inmediatez, por eso nunca pude llevar un blog. Me censuro mucho, me gusta revisar mucho mi trabajo. Leen mis cuentos y dicen “¡qué bien!”, pero esos cuentos me dan mucho trabajo. Atrapar esa voz, reducirla a oraciones limpias, al modo en que la gente quiera seguir leyendo, eso es mucho trabajo de revisión, de interiorizar esos personajes. Entonces, si me acelero, si lo hago porque solo lo sentí ese día, no sería yo.

En el cuento de la pandemia que incluyo en Turbulencia me debatí mucho si estaba listo para hablar sobre eso. Tenía 70 días pensando en qué decir y cuando llegó eso, es como que se abrió un río. Es como la Dulce Vita de Fellini. Vi el ángel que pasa desde el helicóptero por toda Roma y me pareció cine, me pareció poesía, independientemente que seas cristiano o ateo. Quería que el personaje no se suscribiese a una religión. Si nos ponemos en la tristeza del momento que todos cargamos, en la incertidumbre, en todas las informaciones, en todas las malas informaciones, a mí me parece una maravilla eso. Sin ningún cinismo, sin ninguna aspiración mística de que te quiera convertir o creas en un santo.

Hay muchos de tus cuentos que tienen un elemento que guía la narración o lleva un sentido al final. Un helicóptero, un arma… ¿Es importante para ti ese elemento concreto en los cuentos para incluir ese exterior en el interior de los personajes?

Siempre y cuando motive a la historia de una forma honesta. No sea un “gift”, un recurso que está ahí porque puede ser simpático. Para mí el truco de la historia es que todo lo que esté funcione de una manera que le sirva a la historia, no que se sirva a sí mismo.

En uno de los cuentos de Bichán hay una mesa de cristal y una persona tiene un fetiche de pies y la mesa es un símbolo total, pero sirve de detonante para el personaje. Entonces la mesa de cristal lleva el hilo de la historia, es un elemento que sirve a la historia. La pistola, en el caso de La Gunguna, sirve para ser el hilo de la historia. En Breaking Bad, (Vince) Gilligan utiliza sus elementos de igual manera, todo sirve para construir el hilo de la historia. En lo que no voy es a utilizarlo como un elemento simpático y punto. Hay momentos para hacerlo, no es que no se pueda hacer, pero en un cuento donde hay tan poco tiempo para agarrar la atención de alguien y mantenerla, y que al final salga del cuento con otra visión del mundo en apenas cuatro páginas, todo lo que está dentro debe servir para mover la historia.

¿Qué piensas de la narrativa dominicana? ¿Crees que el cuento dominicano se ha quedado en la narrativa de Juan Bosch o la “postguerra” de abril de 1965 y eso nos ha impedido como lectores ver lo que hay de nuevo en el relato dominicano?

Creo que cada generación de narrativa tiene dos o tres cuentistas. Hay más poesía, más ensayística, más novelistas, que me sorprende porque son géneros más difíciles, pero como quiera tenemos más gente intentándolo. Cuentistas tenemos por generación, creo, dos o tres. He sido jurado de muchos concursos de cuentos dominicanos, donde me ha tocado leer al cuentista promedio y las herramientas que presentan están muy arraigadas en el cuento tradicional. Mucho cuento bucólico, mucho cuento sobre el campo, que no está mal, para nada. Para mí los escritores que más han transcendido son los que se han ocupado sobre lo que pasaba en su momento. ¿Qué está pasando a mí alrededor? Creo que la gente quiere leer y quiere identificarse con lo que pasa a su alrededor.

Fuera de las herramientas básicas de un escritor, como la gramática y el estilo, todo el fondo que va dejando años y años de lecturas es igual de importante para un escritor. Los temas que tratan aquí… y no voy a generalizar, porque tengo escritores favoritos que son de muy avanzada, gente que realmente lo ha hecho bien, pero si buscas la generalidad del cuento que he leído en muchos concursos se aleja de lo que nos rodea. Y nosotros no podemos alejarnos de eso, somos narradores y periodistas de lo que tenemos a nuestro alrededor, en un tiempo en que todo nos bombardea y es competencia.

Si tienes mi libro en la mano, mi libro está compitiendo contra tu teléfono celular, contra la televisión, contra YouTube, contra todo esto. Entonces para el cuentista transcender también tiene que hablarle a la gente de cosas que conozca.

Nuestra generación fue la primera que tradujo la música a videos y ahí empezó todo. Cuando tomas una canción y la vuelves un video en MTV ya empezaste a visualizarlo todo. Hasta ese momento la música era oído y entonces ahí empieza el transmedia y para mí el trasmedia es tan importante como cualquier cosa ahora mismo.

He tenido la suerte de que mi trabajo ha sido llevado al cine, al micro teatro y a otras expresiones para lo cual yo me preparé, no fue accidental. No es accidental que un cuento mío lo leas y digas “oye, veo este cuento como un corto”. Por ejemplo, en mi libro Vinyl el último cuento, Kinky Tania, de unas 40 páginas, es un cortometraje que se filmó, que es una película que va a salir. Eso no es accidental, es que estoy proyectando el hecho de cómo puedo hacer que alguien compre Vinyl y lo vea así. Es muy visual, sí, pero también quiero ser muy teatral, también quiero ser muy musical. O sea, estoy trabajando con todas estas herramientas y todo el que se sienta a escribir tiene todas esas herramientas a su disposición. Entonces, por qué voy a limitarme si quiero estar en todos los medios, si quiero poner en una obra de teatro a partir de una historia mía.

Continua leyendo la entrevista en el siguiente enlace: https://www.diariolibre.com/revista/cultura/miguel-yarull-la-literatura-no-puede-ser-algo-encumbrado-algo-lejano-a-las-personas-AB20124765


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