ANTE EL CIERRE DE LA LIBRERÍA LA TRINITARIA

Bonaparte Gautreaux Piñeyro, Hoy, 22 julio 2017

A Virtudes siempre la veo como la dulce jovencita que ingresó a estudiar en la Facultad de Derecho en octubre de 1956. De ahí nuestra relación.

Aplicada, excelente estudiante, lectora halló en los libros una fuente eterna de conocimientos, frutos del desvelo de mujeres y hombres quienes plasman en sus páginas la sabiduría y el amor, la pasión y los descubrimientos científicos, los resultados de profundos estudios e investigaciones.

Ese amor a la lectura y a los libros, obviamente inculcado por el excelente lexicógrafo que fue su padre, el distinguido y culto intelectual don Max Uribe, permanente investigador de los intríngulis del idioma quien dejó una gran huella, como herencia, con dos magníficas obras que desentrañan muchos secretos para beneficio de los estudiosos de la lengua.

Con el tiempo, Virtudes y sus hermanas Cristina y Juana Emilia (Juany), se convirtieron en parte de las amigas íntimas y muy queridas de mi Miriam y mías. La coincidencia generacional, de militancia e ideas políticas estrechó la relación hasta convertirla en familiar. Recuerdo con cariño a la abuela, con quien intercambiaba puros y a doña Berta, la madre dedicada a la defensa y cuidado de la familia.

Virtudes militó en la política, pero ese no era su campo, no era su fuerte. Lo hizo como su aporte, su contribución responsable a la sociedad, al esfuerzo por la mejoría colectiva. Nunca pasó factura por su trabajo, por sus desvelos.

La relación entre las Uribe y José Francisco Peña Gómez constituyó un pilar para ese gran líder irrepetible, que “amó su Patria, la soñó grande” y encabezó el pueblo hacia un destino mejor, pasión a la cual dedicó su fructífera vida. Las Uribe fueron una importante parte del sostén espiritual de Peña Gómez.

En busca del camino para su desarrollo personal encaminó su acción hacia la constitución de una verdadera librería, única en la historia nacional, dedicada al libro dominicano, a facilitar la venta y a beneficiar a los autores criollos, cuando creó décadas atrás, la Librería La Trinitaria.

Se quiebran las palabras para juzgar, para apreciar, para loar ese esfuerzo sostenido, permanente, sin descanso, para sostener el libro de autor dominicano en primer plano. Referente obligado para estudiosos e investigadores nacionales y extranjeros, Librería La Trinitaria se convirtió en el lugar donde intelectuales y escritores de distintas edades y dedicados a la publicación de libros de distintas disciplinas, formaron una y otra tertulia donde se discuten y conversan los grandes temas nacionales y mundiales.

Esa mujer que ha dedicado su vida a la promoción del libro dominicano ve como su realidad y sus sueños, como en el poema: “es como abrir las manos, encontrarla vacía y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue”.

http://hoy.com.do/ante-el-cierre-de-la-libreria-la-trinitaria/

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