LA CENTRAL DE CALLAO

María Jesús Espinosa de los Monteros, Babelia, El País, 31 marzo 2017

MADRID. Situada en una casa palacio de 1.200 metros cuadrados, La Central de Callao es lo más parecido a la Capilla Sixtina de las librerías españolas. Esta catedral de los libros lleva cuatro años luciendo su hermoso rostro en la médula espinal de una ciudad vibrante, canalla y culta como Madrid.

Muy cerca de la plaza de Callao, en la calle Postigo de San Martín, se alza la sede de una librería mítica que ya tenía dos sucursales madrileñas en el Museo Reina Sofía y en la Fundación Mapfre. La Central de Callao fue el resultado de una valiosa operación entre el prestigioso grupo librero catalán La Central y el grupo editorial italiano Feltrinelli, propietario de un centenar más de librerías.

Antonio Ramírez y Marta Ramoneda son los fundadores de esta cadena de librerías que inauguraron, como dos jóvenes emprendedores, en el año 1995 en la calle Mallorca de Barcelona. Desde entonces han pasado más de 20 años y el mundo, en general, y el editorial, en particular, han experimentado un cambio radical. Lo que se mantiene es su esencia, esto es, un grupo de gente formada –libreros- que recomiendan obras a otro grupo de gente curiosa –clientes- con la intención de cambiar sus vidas. Lenta, modestamente, con el peso de las páginas: “Tenemos un tipo de cliente bastante lector. Vienen una o dos veces al mes y se llevan varios libros en cada visita. También tenemos clientes ocasionales que suelen venir los fines de semana y suelen llevarse novedades. Hay bastante diferencia entre los clientes de entresemana y los de fin de semana”, explica Luis de Dios, librero de La Central de Callao.

El edificio de La Central acoge alrededor de 80.000 libros y está dividido en tres plantas. Además, hay un café conocido como El bistró, una coctelería y sala de presentaciones llamada El garito, una tienda delicatessen de productos culturales (“Rosa Navarro vino desde Barcelona y tiene un gusto increíble; trae cosas casi exclusiva que no encuentras en ningún sitio y son el complemento perfecto para relacionar con los libros”, cuenta Luis) y un majestuoso ciprés que ocupa el patio interior. Pocos saben, sin embargo, el origen de esta imponente construcción a la que acompaña un cierto misterio: “Este edificio era una casa privada a finales del siglo XIX, con su capilla incluida que estaba en la parte de abajo. Pero antes de ser casa familiar, fue la primera delegación de Cuba fuera de la isla, precisamente en la época en la que Cuba se independizó de España”, relata el librero.

Muchos de estos secretos los conocieron cuando los hijos de la familia que trabajaba como servicio en esta mansión fueron a visitar la librería. Entre otras cosas les desvelaron que donde ahora está el garito, y en tiempo de su familia la capilla, en la época de los cubanos era un habitáculo donde se secaba el tabaco. “Todavía nos llegan los aromas a ese tabaco”, afirma Luis de Dios entre risas. El misterio permanece en ese lugar mágico donde ahora se celebran presentaciones y eventos: “No sabemos de dónde ni quiénes son los autores del artesonado ni los frescos de abajo”.

Lo que sí sabe es la multitud de lectores que se apuntan a las numerosas actividades que realizan mensualmente: “En la Academia La Central tenemos gabinetes de lectura como los de Jesús Casals con Enrique Redel, el de Delfín G. Marcos con Carlos García Gual o el de Filosofía con Mónica Herranz”. Estos gabinetes que suelen llenarse cada año son algunas de las actividades alrededor de las cuales también gravita la vida de la librería. Y es que la relación que se establece entre el librero de La Central y su cliente es muy similar al del hogar que antes alojaba: “Cada librero tenemos un grupo de lectores con el que existe cierta afinidad. También ellos nos recomiendan libros. Es una relación muy interesante y gratificante”.

En esa labor de recomendar libros que vuelquen vidas está Luis de Dios de un modo digital –a través de este blog-, pero también de modo físico: “Últimamente recomiendo dos libros: Manual del exilio, de Colic Velibor (Editorial Periférica), un autor que habla del exilio y de cómo llegó a Francia casi sin saber el idioma; y A través de la noche, de Stig Saeterbakken (Editorial Mármara), un autor al que casi nadie conoce, contemporáneo de Karl Ove Knausgård, que murió en 2012 y que habla de las relaciones humanas de una forma impresionante, a la altura de Thomas Bernhard o Ágota Kristof”.

Lo cierto que un día en La Central es una experiencia única e integral: llegas a primera hora y te tomas un café en El bistró, subes a la planta donde está la poesía y te sientas en una de las sillas que dan a las grandes ventanas mientras lees unos versos, das un paseo por la exquisita colección de libros en otros idiomas, por antropología y crítica literaria; cuando te entra el hambre vuelves a bajar y pides el menú de mediodía, subes de nuevo por la esplendorosa escalera que vertebra todo el espacio, escoges varios libros infantiles, te los llevas todos a la sala de las revistas donde dos cómodos sillones y una enorme mesa te esperan, te acurrucas -quizás te duermes un poco-, bajas recién levantada de la siesta a la presentación del día en El garito, te tomas una cerveza, te diriges a la tienda y compras un hermoso mapa del mundo o un caleidoscopio o una mochila. O todo a la vez. Sales feliz de ese edificio pensando en lo que Luis de Dios, tu librero de confianza, acaba de explicarte: “Hay que creer en los libros porque en una sociedad en la que la diferencia entre los ricos y los pobres es tan grande, con los libros tienes acceso a un montón de mundos que de otro modo no tendrías. Sueños y mundo: todo está encerrado en los libros y están al alcance de la mano”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/31/babelia/1490949344_930650.html

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