LA EDITORA NACIONAL O UN CAPÍTULO MÁS DE NUESTRA PARTICULAR HISTORIA DE LA INFAMIA

Miguel D. Mena, cielourbano@googlemail.com

Cuando tratas de mantener un mínimo de dignidad, de ser consecuente con lo que piensas, entonces tienes que caer mal en el país dominicano. Y no sólo eso: ser el conflictivo, el problemático.

Escribo estas líneas a disgusto, porque no hay vías razonables de comunicación con el Ministerio de Cultura.

Escribo porque respeto a los autores que han depositado su confianza en mí como editor, y más cuando uno de nuestros libro sale de nuestras esferas y caen en otras, ahora para nuestra desgracia.

Vivimos en una cultura del irrespeto, donde cada quien quiere ponérsete delante, aunque estés horas haciendo la fila. Y si protestas, ¡ay de ti!

Para mí ha sido frecuente estar metido en cuestionamientos a diversos órdenes y pensamientos. Los últimos tres años han sido particularmente fructíferos en este campo.

Moraleja: me había propuesto recuperar otros espacios, más cerca de la productividad interna y más ajeno a la publicidad. Pero qué va: hay veces que te ajustan tanto el martillo a la cabeza, que o te la deshacen de una vez o tratas de que no acaben dañándote el alma.

Ahora hablo de la manera en que un acto de buena voluntad se convierte en una historia de la infamia, donde se combinan el abuso y el desconocimiento.

Me explico, ya que todo lo anterior es como una masa de ideas para una película que de seguir no se entenderá como debe ser.

Bien: A principios de año recibí una solicitud por parte del Ministerio de Cultura, informándome que como la Feria del Libro sería dedicada a la “diáspora” –nunca he soportado ese concepto, pero qué se le va a hacer-, entonces me pedían reproducir el libro con las poesías de Norberto James Rawlings.

Contento de que en nuestro país pudiera disponerse de una buena edición de nuestro primer poeta dominicano vivo, que pudiera llegar a muchos rincones de nuestra Isla, le envié el libro “Poesía 1969-2008”, con prólogo de Néstor E. Rodríguez, que habíamos lanzado en el 2012 dentro de Ediciones Cielonaranja.

Grande fue mi sorpresa cuando en los días de la Feria del Libro vi que se iba a poner en circulación un libro de Norberto titulado “Recuperable del pasado: Poesía 1969-2008”.

¿Y ese título, de dónde salía?, me preguntaba.

Le envié la pregunta al funcionario que me había contactado para la publicación y nada, ninguna respuesta.

En el país de los ciegos el chivo loco es rey, me dije.

“Recuperable del pasado: Poesía 1969-2008” se puso en circulación, y yo, el editor originario, ni me enteré. Por suerte que dos muy buenos amigos –tal vez los mejores del autor- se encargaron de ponerlo en circulación.

¿Cómo es posible que tú seas el editor de una obra y que de repente te la quiten de las manos, así como si nada, como si tu trabajo fuese algo “quitable”?

Cuando vi un ejemplar de la obra en el puesto de la Editora Nacional, en el libro sólo salía que Cielonaranja había hecho la primera edición, sin mencionar el trabajo de edición, ni las ilustraciones internas, nada.

A duras penas le conseguí un ejemplar a Néstor E. Rodríguez, el prologuista.

Me comuniqué con el viejo funcionario y con uno nuevo para ver si al menos le enviaban a Norberto un ejemplar de su obra. Y las semanas han pasado. También le expliqué –daban la expresión de que no lo sabían-, de que como derecho de autor a Norberto le correspondían 100 ejemplares, y que los mismos debían enviárselo a una persona de la entera confianza del autor. De eso no sé, ojalá y lo hayan hecho, me alegraría.

La noche del domingo 30 de octubre conversé con Norberto. A él tampoco lo habían consultado sobre el cambio de título del libro. Tampoco le habían enviado su ejemplar. Ni siquiera él sabía de la portada, ¡ay la portada!, porque si hay un autor dominicano con una finísima sensibilidad con las portadas de sus libros ese es Norberto James Rawlings. Y esta portada del libro de la Editora Nacional es simplemente un horror: una silla desflecada, rota, todo un metamensaje para un poeta que ha escrito uno de los poemas mejores del siglo XX: “Los inmigrantes”, que es un canto a la dignidad de la persona.

¿Cómo denominar todo esto? ¿Infamia? ¿Abuso? No sé. Ya ni me interesa.

A Chiqui Vicioso también le hicieron algo parecido con su libro de teatro: a pesar de que ella enviara una hermosa portada con un grabado de Belkis Ramírez, le impusieron una portada fatal, como si en el fondo quisieran burlarse de su obra.

Hace un par de años, a Argénida Romero tuvieron que hacerle una segunda versión de su poemario “Arraiga”, porque la primera tenía una portada inautorizada, bajada de internet, como decenas de las portadas “tan bonitas” de la Editora Nacional. Me imagino que la Editora hubiera cumplido su papel de incentivar la creatividad dominicana en nuestras escuelas de arte, en vez de estar usufructuando a mansalva portadas ajenas, bajadas de internet, y sin pagar un centavo por derecho de autor. Y de eso hay muchísimas constancias en la Red.

A don Antonio Lockward también le impusieron el título de “Poesía completa” a un poemario suyo que era otra cosa.

Y no sigo porque todavía no encuentro la palabra: ¿abuso?, ¿infamia?

Y lo curioso del caso es que al funcionario que ha hecho todos estos desmadres durante los últimos ocho años hasta lo promueven de puesto. ¡Desastres con amor se paga!, qué buena nuestra moral cristiana.

Escribo todo esto por simplísimas razones: porque ya no confío en el estar pidiendo personalmente, por email, que los funcionarios cumplan con su tarea.

Y a ver si en el Ministerio de Cultura advierten sus propios abusos.

Y finalmente, para ver si le envían al menos un ejemplar de su libro a Norberto.

Así de simple.

http://www.cielonaranja.com


A %d blogueros les gusta esto: