DEL TANGO AL REGGAE, MÚSICAS NEGRAS DE AMÉRICA LATINA Y DEL CARIBE de ISABELLE LEYMARIE

Carlos Andújar

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La Universidad de Zaragoza de España en su colección De Arte Número 6, publicó en el año 2015, la obra arriba mencionada de la investigadora francesa y que residió mucho tiempo en los Estados Unidos donde cursó estudios universitarios, Isabelle Leymarie, y en la que se presenta una verdadera y exhaustiva descripción de la mayoría de los ritmos afro del llamado continente latinoamericano, incluido, las regiones menos conocidas en estos menesteres musicales afro como, Bolivia, México, Uruguay, Costa Rica, Honduras o el complejo cultural de los garífunas de Centroamérica.

Con esta minuciosidad la autora Leymarie se detiene a esbozarnos la presencia de los ritmos africanos, algunos más fusionados que otros, en todo el continente, donde tampoco escapó de sus consideraciones el Jazz de los negros del sur de los Estados Unidos, por su fuerte impacto en muchos de los géneros musicales más destacados del continente.

Isabelle Leymarie, musicóloga, pianista e investigadora de la música latinoamericana, que la considera su pasión, precisamente afirma en su dedicatoria que: Dedico este libro a todos los grandes artistas afrolatinos y caribeños cuyas músicas son para mí una fuente inagotable de encanto y felicidad.

Es decir que ella desde el mundo académico y clásico donde le tocó estudiar, tocó las puertas y abrió las ventanas al caudal musical latinoamericano, encontrándose con una variedad de ritmos, cadencias, vocalizaciones y géneros que le hicieron dedicar una parte importante de su labor investigativa a adentrarse al mundo fascinante, como dice ella, de la música latina y por supuesto, el legado africano muy presente en muchas de estas manifestaciones musicales.

En su proyección internacional y su competitividad con otras grandes músicas como el jazz y el soul music, Leymarie destaca a la diáspora caribeña como componente importante en la circularidad de estas músicas afro, dueñas hoy del gusto de muchas otras poblaciones no latinas. Es así como, su difusión alcanzó los niveles más altos luego de la llegada de la radiodifusión al continente americano, encargándose de poner la música y los grandes cantantes, al alcance de los sectores populares y al difundirlas, creaba sin quererlo los contagios que fueron luego responsables de muchas de las fusiones que esta obra describe en la parte final de su contenido.

Es además adecuado y justo agregar a estas valoraciones del porqué alcanzaron tanta popularidad los ritmos del continente, que su pegajoso ritmo, su cadenciosa melodía y la expresión misma de mestizajes rítmicos entre tres grandes universos culturales como Europa, la América aborigen y África, la hicieron diosa de un sonido paradigmático, envolvente y exótico a la vez.

Por lo tanto, la música afrolatina, es una síntesis de la música del mundo, como bien expone la autora en muchas partes del libro al hablar de las distintas influencias recibidas en sus estructuras musicales, Latinoamérica. Su historia, sus luchas y sincretismos, se hacen también parte de sus ritmos musicales, como si fuera otra mirada para leer este complejo proceso sociocultural latinoamericano y ella lo explica de esta forma: “El voluptuoso contoneo de sus danzas y el fervor de sus incandescentes cultos han despertado pulsaciones latentes, desentorpecido nuestros miembros atiesados, dándonos de nuevo el gusto por el éxtasis y la libertad de movimiento”. Es esa la mirada del otro, desde la acera de enfrente, desde Europa, a la que nos referimos.

Con un acento puntual, la autora recalca cómo la literatura colonial y de los primeros intelectuales republicanos del continente, opacaron la rítmica africana como componente esencial de las musicalidades del continente, en momento en que construimos nacionalidades e identidades, todo como parte de un prejuicio que se proyectó hasta nuestros días y sólo la fuerza del ritmo y del gusto popular terminó imponiéndola como nuestras músicas, y son esas musicalidades negras, reservorios muy particulares de la sonoridad que nos distingue como región, a pesar del discurso y por encima de las exclusiones.

La producción de investigación de esta autora es prolífica y de productos culturales distintos como el cine y la literatura propiamente. En su producción audiovisual y cinematográfica encontramos Machito-A Latin Jazz Legacy, Latin Jazz á New York y el film París jazz. Ha producido varios programas de radio en Francia y Canadá; así como, una abundante bibliografía sobre el tema de la música: Ritmos y danzas de un continente (1977), Músicas del Caribe (1998), Cuba: la música cubana (2003), La música popular cubana y sus estilos (2005), Jazz latino (2005), Y otras obras en francés, además de la última que comentamos en esta entrega del 2015.

El último pasaje del libro de Leymarie, nos presenta los ritmos más populares en la fase moderna de la región caribeña como el calipso, el soca, el Steel bands de Trinidad y Tobago, el zouk y la biguine en Guadalupe y Martinica, el reggae y sus variantes en Jamaica, el Kompa y el kadans haitianos, el jazz brasileño, el merengue y la bachata dominicanos. Así como la rumba, el guaguancó, el son y los tambores batás de Cuba; también la salsa en Puerto Rico y los aportes de esa inmigración caribeña a los diferentes ritmos fusionados en New York, estos son apenas parte de un gran recorrido de esta obra por los diferentes rincones sonoros de esta región del mundo, que incluye en su radiografía, la música negra de Chile y Paraguay, por muchos, desconocidas.

Desde una configuración por países, que nos permite descubrir cuan profundo llegó el alma africana al continente, la obra describe la historia de los diferentes géneros por países y parte de su evolución, los componentes musicales propios a cada uno, los proceso causantes de las mezclas musicales, las fusiones y en una segunda parte del libro, la autora nos traslada, del pasado al presente, para ver cómo se encuentran muchos de los ritmos afro, cuál es la música dominante en esta parte del mundo, cuáles influencias registra la música latinoamericana y sus más destacados intérpretes, manifestando, en su preocupación intelectual, un esfuerzo de actualización grandemente plausible en la investigación Leymarie, a quien felicitamos y por la calidad académica del libro y la profundidad como aborda la música afrolatina, nos obliga a pensar que debe ser consulta obligada de los estudiosos, investigadores académicos y los públicos interesados en la música, el baile y el canto de impronta afro en toda América.


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