ALICIA EN EL PAÍS DE LAS PALABRAS

Jimmy Hungría [Buena Lectura]

El enlace que aparece al final de esta nota me ha hecho recordar un artículo, titulado “Lewis Carroll y los libros de Alicia”, que escribí el 19 de mayo de 2002 (o sea, hace casi catorce años), en el suplemento Biblioteca que editaba José Rafael Lantigua en el Listín Diario, compilado en mi libro "Helados que el tiempo derritió y otros artículos (1994-2003)", el cual me permito reproducir a continuación:

“Desde que el matemático inglés Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), utilizando el seudónimo de Lewis Carroll, publicó en Londres en 1865 y 1871, respectivamente, las primeras ediciones de Alice’s Adventures in Wonderland (Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas) y Through the Looking-Glass and What Alice Found There (A través del espejo y lo que Alicia encontró allí), ambos libros constituyeron fenómenos editoriales, literarios y mercadológicos que todavía continúan manifestándose iniciado ya el siglo XXI.

Así lo evidencian las abundantes páginas en internet y la enorme bibliografía acerca de Carroll y sus libros, la existencia en varios países de sociedades dedicadas a rendirle culto y a estudiar y divulgar su obra, y el gran interés despertado a mediados del pasado año por la subasta celebrada por la casa Sotheby’s, en Londres, de un archivo de fotografías, cartas y objetos personales de Alice Liddell (1852-1934), la «musa» que siendo una niña, inspiró ambos libros de Carroll.

Dichos artículos, entre los que se encontraba el ejemplar dedicado por Carroll a Alice de la versión original, titulada Alice’s AdventuresUnder Ground (Aventuras subterráneas de Alicia), fueron adquiridos en más de tres millones de dólares por un coleccionista norteamericano que, a su vez, los cedió al colegio universitario Christ Church, de Oxford, el mismo donde estudió y trabajó Carroll y del cual fue decano, entre 1855 y 1891, el padre de Alice, Henry George Liddell (1811-1898). Hasta en el ámbito literario dominicano repercutió dicha subasta, pues, a raíz de la misma, María del Carmen Vicente escribió un magnífico análisis acerca de Carroll y los libros de Alicia (Isla Abierta, 22 de julio de 2001).

La fascinación generada en niños y adultos por los libros de Alicia, desde sus primeras ediciones, dio origen al primer «merchandising» literario en la historia de la industria editorial. Con la autorización del propio Carroll, empezaron a fabricarse y venderse muñecos, estatuillas, encendedores, prendedores, llaveros, estuches pintados, juegos de té, piezas de ajedrez, mazos de naipes, afiches y todo tipo de mercadería que pudiera guardar relación con los personajes y situaciones de los libros de Alicia, hasta mangos de paraguas tallados en marfil con las formas de los personajes y orinales de porcelana inglesa con el Conejo Blanco consultando su reloj.

En aquel «merchandising» de los libros de Alicia en la Inglaterra victoriana podemos encontrar un remoto antecedente de las ventas de mercaderías relacionadas con las recientes modas de la «tolkienmanía», motivada por la adaptación al cine de la trilogía de J. R. R. Tolkien El señor de los anillos (La comunidad del anillo, Las dos torres y El regreso del rey), cuyas ventas sobrepasan los cien millones de ejemplares en 25 idiomas, y de la «pottermanía», desatada por J. K. Rowling, cuyos primeros cuatro libros (HarryPotter y la piedra filosofal, Harry Potter y la cámara secreta,Harry Potter y el prisionero de Azkaban y Harry Potter y el cáliz de fuego) han vendido más de 120 millones de ejemplares en 42 idiomas y cuya primera versión cinematográfica también ha sido un gran éxito de taquilla.

Pero no nos desviemos del tema y sigamos con Carroll y los libros de Alicia, los cuales, según leí hace unos meses en la página web denominada Lewis Carroll Home Page, han sido traducidos a 121 idiomas y dialectos, incluyendo el «dominican creole» (sic) con el título Alice adan yon Peyi Etwanj (sic), lo que posiblemente sea un error de dicha página web y tal vez debiera decir «haitian creole», a no ser que exista una edición local destinada al diez por ciento de nuestra población que habla creole, de acuerdo al amigo Manuel Núñez, o que se refiera quizás a alguna edición publicada en una de las antillas menores cuyo nombre es Dominica.

Diversas ediciones en español están disponibles en nuestras librerías. Entre ellas, recomiendo la publicada por Ediciones Cátedra (Madrid, 1997), que contiene los dos libros de Alicia traducidos por Ramón Buckley y una amplia introducción de Manuel Garrido, que ocupa aproximadamente la quinta parte de la publicación (80 de sus 390 páginas), profundizando en las implicaciones lingüísticas, filosóficas, lógicas, matemáticas y psicoanalíticas de las obras de Carroll y sus influencias en Borges, Cortázar, Kafka, Joyce, Beckett, Nabokov y otros autores.

Pero la que más recomiendo creo que, lamentablemente, no está a la venta en el mercado local (aunque tal vez pueda conseguirse por internet). Tuve la suerte de adquirirla en un viaje al extranjero. Se trata de la traducción anotada de Eduardo Stilman, con prólogo de Jorge Luis Borges, publicada por Ediciones de la Flor y Best Ediciones (Buenos Aires, 1998), que además de los dos libros de Alicia, incluye otro texto de Carroll, La Caza del Snark (1875), así como 238 cartas de su extenso epistolario, además de veinte dibujos y cuarenta fotografías de su autoría (Carroll era un gran aficionado a la fotografía), así como ilustraciones de John Tenniel (ilustrador original de las primeras ediciones de los dos libros de Alicia), Henry Holiday, Harry Furniss, Peter Newell, Hermenegildo Sábat y otros.

La obra de Carroll «no es menos deleitable y hospitalaria que Las mil y una noches y es asimismo una trama de paradojas de orden lógico y metafísico», sostiene Borges en el referido prólogo, añadiendo más adelante: «A primera vista o en el recuerdo, las aventuras parecen arbitrarias y casi irresponsables; luego comprobamos que encierran el secreto rigor del ajedrez y de la baraja, que asimismo son aventuras de la imaginación».

NOTA: El artículo estaba encabezado por la siguiente cita de Borges: “La literatura inglesa y los sueños guardan una antigua amistad; Beda el Venerable refiere que el primer poeta de Inglaterra cuyo nombre alcanzamos, Caedmon, compuso su primer poema en un sueño; un triple sueño de palabras, de arquitectura y de música, dictó a Coleridge el admirable  fragmento de ‘Kubla Khan’; Stevenson declara que soñó la transformación de Jekyll en Hyde y la escena central de ‘Olalla’. En los ejemplos que he citado el sueño es inventor de poesía; son innumerables los casos del sueño como tema y entre los más ilustres están los libros que nos ha dejado Lewis Carroll”

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/02/babelia/1454415729_630032.html

Nota de Buena Lectura: Enlaces relacionados:

http://www.nytimes.com/2015/03/19/arts/artsspecial/for-alice-in-wonderland-milestone-a-stampede-down-the-rabbit-hole.html?ref=artsspecial

http://www.diariolibre.com/lecturas/2015/01/14/i966711_diez-sellos-conmemoran-los-150-aos-alicia-pas-las-maravillas.html Acerca de estos anuncios 


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