PEDRO PEIX, TE FUISTE COMO VIVISTE: EN SILENCIO

Orlando Inoa

NOSTALGIA 2008/Ángela Hernández

[Copyright] Fotografía de Orlando Inoa

Pedro Peix fue un escritor irreverente, especialmente de los dogmas y del poder establecido. No transigió con nadie, ni tan siquiera con los amigos. Construyó un mundo con sus propias verdades y de estas hizo una capilla en la que fervorosamente rindió culto a su forma de pensar. Quien no comulgó con él lo combatió despiadadamente. Quiso a este país con locura, pero no al país de caricatura que hoy nos ofrece ese grupejo que se inició en la política como un ‘dechado de virtudes’ y que hoy día nos ofrece una modernidad de fachada que encubre un país devastado por la corrupción y la pérdida de la institucionalidad, sino más bien lo que quiso fue a un país equitativo y justo.

Escritor impecable. Su cuento “Los muchachos del Memphis” es suficiente para ganarse las palmas de un nicho distinguido en el parnaso de las letras dominicana. Sus otras producciones dan muestras de su prodigioso talento.

PEDRO PEIX RECORRIENDO LA CALLE EL CONDE

NOSTALGIA 2008/Ángela Hernández

[Copyright] Fotografía de Orlando Inoa

Sintió pasión por la calle El Conde, la que solía recorrer con garbo y complacencia como si fuera parte integral de su entorno. A esta calle la recreó en más de un escrito y la amó tanto que acudió a ella para gozarse el último minuto de su existencia. Su narración “El fantasma de la calle El Conde” es realmente un texto autobiográfico.

A Pedro Peix le conocí a raíz de ese proyecto cultural trunco llamado Xinesquema, revista de la editorial Letragráfica, de la que fue colaborador gentil. La última fotografía que acompaña esta nota me la entregó junto a otras pidiéndome que fuera albacea de algunas fotografías suyas.

En este país de la fantochería intelectual Pedro Peix fue un hombre atípico. Trabajaba y producía sin rimbombancias, sin ruidos, sin estridencias. Como si fuera la trama de uno de sus cuentos una tarde se fue a la calle El Conde porque quería entregarle algo que apreciaba en demasía: su vida, convencido de que la misma inexorablemente pertenecía a ese lugar y allí debía de continuar más allá de su existencia. Pedro Peix se fue en silencio, así nos iremos todos los de su estirpe.

Pedro Peix

Archivo de Pedro Peix en custodia de Orlando Inoa


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