MEMORIAS DE JOHNNY ABBES

Por Ubi Rivas

Portada Johnny Abbes - Nuevo lomo

Letra Gráfica imprimió las envaradas memorias de Johnny Abbes García, quien describe a su conveniencia, los episodios más sangrientos de ola Era de Trujillo, en la recta final de la tiranía sin paralelos de horrores que martirizaron al pueblo dominicano en un calvario de 31 años (1930-1961).

Las memorias de Johnny Abbes García empezaron a publicarse en el newyorkino Diario-La Prensa, propiedad del dictador nicaraguense Anastasio Somoza Debayle (Tachito), propietario también de la revista Visión, en l967, pero solo publicó tres entregas, sin explicar su director, el intelectual dominicano José Angel Saviñón, su interrupción.

En un tomo de 254 páginas, el editor e historiador Orlando Inoa, sirve al país la primicia de esta obra controversial, en la que el autor manipula, zarandea y acoteja los hechos con el imposible final de excluirse de la barbarie ejecutada por el siniestro Servicio de Inteligencia Militar (SIM), que dirigió, en las postrimerías de aquella pesadilla de sangre y torturas que caracterizó el último lustro de la Era de Trujillo (1957-61).

Cierto que el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo inició su sombrío trayecto de tiranía absoluta con los mecanismos infames del crimen de Virgilio Martínez Reyna y su esposa embarazada Altagracia Almánzar ocurrido el 1 de junio de 1930 en San José de las Matas, empero, los crímenes del déspota, que no participó en ninguno de ellos sino que los ordenó, fueron esporádicos, y sucedieron numerosos luego de las expediciones de Constanza el 14 de junio de 1959 y Estero Hondo y Maimón cinco días después.

También es correcto que Trujillo dispuso siempre de carniceros para ejecutar opositores, Miguel Paulino y José Estrella desde el inicio de su tiranía execrable, pero ninguno aventajó en crueldades y cantidad al ejercido por Johnny Abbes García, que creó el centro de torturas de La 40, porque el de El 9 era un coto abyecto de Ramfis Trujillo.

Todos los combatientes libertadores de las expediciones del 14 y 19 de junio de 1959 presos, fueron conducidos amarrados a la base aérea de la entonces Aviación Militar Dominicana (AMD) que comandaba Ramfis Trujillo, hijo mayor mimado del déspota, torturados con métodos horribles, y luego asesinados, la gran mayoría personalmente por Ramfis, que era un paciente psiquiátrico peligroso y perverso, un desertor de la humanidad, por las orgías de sangre que dirigió, idéntico a Johnny Abbes García, paciente de una patología de sangre pasmosa.

Inclusive Ramfis superó en excesos criminales a su progenitor, que sugirió respetar la vida de los expedicionarios, pero Ramfis se impuso cuando le alegó que venían a eliminarlo, una falacia, porque su propósito era deponerlo y concluir con la tiranía que sofocaba las mínimas libertades ciudadanas.

En 38 capítulos, Johnny Abbes García, investido por disposición del tirano con el rango de teniente coronel del Ejército Nacional, organizó una maquinaria de exterminio, previas ceremonias tétricas de torturas como nunca antes, decidido, como un poseso, al imposible de liquidar la disidencia y el enfrentamiento a Trujillo, que encarnaba para él un redentor y un patriota abnegado en la consecución de los mejores intereses y formas de vida de los dominicanos, evidenciando una demencia que los excesos cotidianos drenaban su paroxismo de lesa humanidad.

Las memorias de Johnny Abbes es el primer libro que el suscrito no concibe describir en su contenido formal por impedirlo las náuseas continuas de su lectura siniestra, rastrera y purulenta.

En la gran conspiración de enero 1960 develada inintencionalmente por Marcos Pérez Collado fue la prueba en que Johnny Abbes pisó a fondo el acelerador de la abominación, excediéndose en las crueldades contra cientos de conspiradores, liderados por el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, que pretendieron eliminar la tiranía del generalísimo Trujillo, fueron torturados, masacrados como los Panfleteros de Santiago y eliminados de forma expedida, y donde surgieron especímenes humanos abominables como Cholo Villeta, Candito Torres Tejeda, Dante Minervino y Víctor Alicinio Peña Rivera, entre otros desertores de la humanidad.

El capítulo del poder demostrado por el generalísimo Trujillo de intentar eliminar al presidente Rómulo Betancourt de Venezuela, el magnicidio del presidente Carlos Castillo Armas de Guatemala y como manejaba a los gobernantes haitianos, es una muestra tétrica de los tentáculos siniestros del crimen, cosecha del déspota dominicano, motivado por su peor y más lúgubre luciferino asesor.

Es un libro que precisa leerlo y sufrir el pretérito de entonces para ponderar el presente defectuoso de hoy y el promisorio heraldo del mañana en que se superen las gravísimas fallas que hoy conspiran contra los intereses fundamentales de los dominicanos, para así impedir el reprisse de otro generalísimo Rafael Leonidas Trujillo y otro Johnny Abbes García, dos desertores de la humanidad que concluyeron las miserias de sus vidas conforme al estilo que escogieron de convivir con su sociedad, a sangre y plomo.

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