TALLER LITERARIO MARIANO LEBRÓN SAVIÑÓN

Daniela Pujols, Ventana, Listín Diario, 6 septiembre 2015

En el taller literario Mariano Lebrón Saviñón de la Universidad APEC, una veintena de jóvenes desarrollan su amor por la lectura. Y gracias a ese amor, pueden escribir sus historias. De la mano de Nan Chevalier, estos talleristas aprenden lo que cuesta pensar la palabra bien escrita.

Su profesor les enseña la importancia de otorgar calidad de lectura a quienes consumen sus escritos. Una selección de sus textos será publicada próximamente..

Para ellos, el arte de escribir no es un simple desliz. “Al principio puede parecer un ‘hobby’, pero cuando entras a un taller te das cuenta de que es un trabajo serio que requiere tiempo y dedicación”, expresa Yoaska Díaz.

Su disciplina lectora le ha enseñado que los escritores que trascienden no han surgido “de la nada”, sino a base de trabajo constante y muchas horas de lectura. “A mí, el taller me sirvió para saber que este oficio es real, fuerte,con disciplina y hay que dedicarle tiempo”, refleja Díaz.

Al igual que ella, Víctor Paz es de los que piensa en la importancia del cambio en la noción por la lectura al ingresar a un taller literario. “Cuando uno se incorpora a un grupo literario, crece.

Allí te encuentras con personas que comparten cierta clase de interés por obras y géneros que influyen en el hábito de la lectura.

Cada quien aporta al otro a la hora de escribir, o por cuáles lecturas optar”, afirma Paz.

Lectores, lecturas y escritores

Melissa Paulino lee desde pequeña, influenciada por sus padres. El taller le abrió otras puertas a obras maduras, complejas y profundas: “Me creó un hábito de escribir que yo no tenía”.

Paulino siente pasión por la poesía, pero su fuerte es la narrativa fantástica y, en su transitar literario, considera que la obra de Jorge Luis Borges le cambió la vida. “Me inclino por el realismo mágico de Borges en “El Aleph”, me gusta la fantasía que transmiten sus escritos porque se deja salir un poco de la realidad al tratar sobre la muerte, en el sentido de la inmortalidad y el tiempo”, cuenta.

Otra obra que distingue es “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert.

Jeimy de Dios, otra joven de UNAPEC, carecía de relevancia lectora, y consumía ‘literatura light’ y textos de autoayuda.“Escribía, pero no tenia orientación al leer”, dice.

Julio Cortázar es su influencia mayor.“Me encanta Cortázar en “Todos los fuegos al fuego” por retratar la soledad, la tristeza y otros sentimientos. Yo me baso más o menos en eso”, refleja.

Los libros de autoayuda que leía para tratar su soledad la deprimían: “En el taller he cambiado mucho mi referencia literaria, entendí que con la ayuda de una buena literatura uno juega con ese sentimiento, porque este tipo de lectura no se basa solamente en la depresión existencial, sino que su contenido permite ver diferentes puntos de una manera crítica y selectiva”, afirma de Dios.

Otra opinión Para el coordinador de este grupo, Carlos Muñoz, lo importante es crear el hábito de lectura:“La mayoría de las publicaciones que ofrece esta sociedad de la información, como los de autoayuda no te dan ese viaje que ofrece una buena literatura, más bien, estos textos te dicen lo que quieres escuchar, para sentirte cómodo. Lo sustancial es madurar como todo en la vida”, reflexiona.

El joven tuvo contacto con la lectura a los diez años, a través de una enciclopedia que había en su casa. En sus cuatro años de formación en el taller, se destaca en la poesía.

También escribe cuento y mezcla en sus escritos un poco de ficción: “En la poesía trato de transmitir algo que transcienda; el amor, la muerte, el tiempo, la soledad… en la lectura uno va visitando mundos. Para que tu escritura tenga una forma tienes que alimentarte de esos mundos, entonces visítalos todos”, afirma. Opina que en la poesía, la visión de escritor siempre influye.

Se inclina por las obras de Fernando Pesoa y en la narrativa a Jorge Luis Borges. Además, considera que el mundo literario es un viaje que se realiza solo, puesto que una persona puede ser influenciada de ciertos autores, pero es el propio individuo quien debe saciar la necesidad de aprender: “Lo que mantiene al ser humano es esa hambre por traspasar las fronteras del conocimiento”, concluye.

Más inclinaciones

Julio Sang, el miembro más joven del grupo, escribe narrativa y, poco a poco, incursiona en la poesía. Le interesan los ensayos y los discursos. Él, Ingeniero en Sistemas de profesión, buscaba en el taller un soporte para escribir.

“Aquí busco una buena orientación porque siempre me ha gustado escribir. He leido sobre teología, ensayos acerca de política y deporte, autores como Ernest Hemingway y Borges”, explica.

Meredith Andújar es otra tallerista que también había llegado al grupo con ciertos conocimiento de lectivos. Ella tenía interés en escribir pero carecía de una directriz. “Cuando tenía emociones fuertes o desamores, me desahogaba escribiendo”, manifiesta. Y agrega: “Leía todo que llegaba a mis manos pero llegó un momento en que sentía que esas lecturas no me satisfacían. Así que empecé a leer a Gabriel García Márquez. Luego, me incliné a la literatura policial, al misterio y al horror, de modo que empecé a leer a Edgar Allan Poe. Disfruto de la poesía de Aida Cartagena Portalatín y Pablo Neruda. pero lo que más leo es narrativa”.

Al igual que ella, Ana Muñoz buscaba en la lectura un propósito: Despertar mundos paralelos dada a su personalidad solitaria. “Descubrí que en las lecturas podría rodearme de muchas personas aunque no estuvieran físicamente, por eso empecé a leer y, luego, a escribir. Leía algo y escribía a la manera que entendía que deberían pasar las cosas”.

Muñoz ha escrito narrativa, pero se inclina más por la poesía. Le gusta escribirle a la soledad, al tiempo, al misterio y al miedo.

“Me gusta Juan Carlos Onetti y Pablo Neruda”. Pero de todos los escritores prefiere a García Márquez, porque “es muy fantasioso y hace en mí que recopile todos los personajes, los imagine y les ponga rostros”.

Para Laura Paulino, su hábito por la lectura se intensificó en el bachillerato, leyendo a William Shakespeare. Se inició en el arte de escribir a los 16 años. En ella, el mundo gira alrededor del taller: “Es una forma de vida; los compañeros son parte de este proceso”. Escribe poesía, pero desde hace poco intenta la narrativa.

Todo lo que ha leído la ha marcado. “Cada libro me llevó al próximo, no puedo decidirme por un favorito de todos los tiempos”, afirma. Y destaca: “Los cuentos de Julio Cortázar me han marcado, al igual que la poesía de Borges y las novelas detectivescas de Leonardo Padura. Hace poco leí a Bolaños y sirvió como giro a lo que estoy escribiendo ahora. También intento hablar de cosas con un fin cotidiano, que hagan a las personas identificarse con mi forma de ver la readidad”.

BOSCH, VARGAS LLOSA, HUGO, PAZ Y MAGGIOLO

Cuando Fabio Pérez leyó su primera obra nunca más soltó la literatura. Mientras cursaba el octavo curso inició ese preciado viaje, por influencia de una profesora muy lectora, y fue con un cuento de Juan Bosch “El oro y la paz”. “Para mí Juan Bosch es el más grande autor dominicano. Por su narrativa es considerado el gran cuentista latinoamericano y sobre todo en el ensayo, que para sus últimos tiempos se retira de la narrativa y se dedica a construir una sociología sobre la República Dominicana”, declara Pérez.

El ensayista también distingue la obra de Mario Vargas Llosa en “Travesuras de la niña mala”, “La guerra del fin del mundo” y “La ciudad y los perros”. “La mejor forma de definir su literatura es como lo ha precisado la Academia Sueca: “Él desarrolla las cartografías de las estructuras de poder sobre el individuo”.

Sóstenes Raúl Rodriguez, abogado de profesión, consumía las lecturas propias de su oficio, pero le gustaba escribir y no precisamente de leyes. “Cuando entré al taller sentí que leer un libro tiene una influencia tan extraordinaria que te cambia como persona”, expresa Rodríguez.

El tallerista explora la poesía, que de alguna manera, años atrás había desdedeñado. “Por ignorante consideraba la poesía sin sentido, sin embargo, cuando la conozco más a fondo veo que es otro lenguaje, aunque me siento más ensayista”, confiesa. Ha leído novelas históricas como “Los miserables”, de Víctor Hugo, “La vida no tiene nombre”, del escritor dominicano Marcio Veloz Maggiolo y la poesía de Octavio Paz.

Lamenta que no hayan más talleres en el país: “Es una inversión tan miníma en términos económicos. La única inversión es el tiempo y sin lugar a dudas te cambia la vida”. 

MÁS DEL TALLER

El taller comenzó otra etapa en 2011. Su nombre es en homenaje al escritor y colaborador de APEC, Mariano Lebrón Saviñón. Allí han pasado alrededor de 60 personas, y permanecen veinte jóvenes formándose como escritores. Ellos declaran: “Estos cuatro años fueron de mucha práctica y lectura. Ahora caminamos hacia la perfección de nuestras obras”. 

http://www.listindiario.com/ventana/2015/09/06/387037/lectores-que-crean-sus-propias-historias


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