CITY LIGHTS, UN LUGAR EN EL MUNDO

Mauro Libertella, Revista Ñ, Clarín, 8 mayo 2015

El micro de dos pisos, lleno de turistas japoneses, atraviesa el barrio de North Beach en San Francisco. El chofer detiene su marcha y el guía dice: “Lo que tienen a su izquierda es la librería más famosa del mundo”.

City Lights domina una esquina completa que da a un callejón pintado por muralistas, el callejón Jack Kerouac. Frente a la librería está el café Vesuvio, donde los beatniks cruzaban a emborracharse cuando sentían que ya habían pasado demasiadas horas sobrios en la librería del viejo poeta Ferlinghetti. Hoy el bar es un reducto barroco, entre hippie y psicodélico, que en un acto de resistencia no ofrece conexión wi-fi.

Toda esa zona está revestida de una mística fuertísima, que pocos espacios culturales que en algún momento fueron importantes, mantienen con esa intensidad. Algo está vivo en City Lights. La librería no es demasiado grande y está dividida en tres pisos. La planta baja es para las novedades y la narrativa. El piso de arriba es todo de poesía. Las escaleras y los pisos son de madera; la librería es de hecho como una hermana perdida de la Shakespeare & Co. de París, una hermana que se fue a hacer la América y conoció un tipo y nunca volvió. El subsuelo es el más amplio: ensayo, biografías, no ficción en general. Un cartel indica que en unos días va a firmar ejemplares Karl Ove Knausgård, la nueva estrella de la literatura europea. Ojo: solo firma libros que fueron comprados en esa librería, advierte el cartel. Otro cuadro más modesto saluda a Galeano: “So long, dear friend”.

La librería, por otro lado, está de festejo, porque en estos meses se están cumpliendo 60 años de la primera publicación del sello City Lights, emblema total de la poesía del siglo XX. El primer libro que sacaron fue Pictures of the gone world , del propio Lawrence Ferlinghetti, el dueño de todo eso. Pero el temblor llegó recién al cuarto título del catálogo, con Aullido y otros poemas . El libro caló los huesos del esqueleto estadounidense y se leyó de costa a costa, se gritó en avenidas y universidades, en noches de fiesta y en mañanas de resaca. Sobre una de las paredes de la librería hay una foto icónica, tomada por Gordon Ball en 1996. Son los cadetes del instituto militar de Virginia leyendo Aullido , perfectamente concentrados, con la rigurosidad con la que encaran todas las empresas que se les asignan. Militares leyendo a Ginsberg: es la postal perfecta de un país delirante, verdaderamente impredecible. ¿Es de verdad City Lights la librería más famosa del mundo?, me pregunté mientras salía a la calle. La respuesta está soplando en el viento, diría Dylan, y se cruzaría al bar Vesuvio a tomar algo con los muchachos.

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Flora-fauna-City_Lights_0_1354064586.html


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