HSIANG, EL GUARDIÁN DE LOS LIBROS

Ezequiel Martínez, Revista Ñ, Clarín, 3 abril 2015

"Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros”, escribe Borges en el poema “El guardián de los libros” (Elogio de la sombra , 1969).

En un tramo de la entrevista a Umberto Eco (*) que abre esta edición de Ñ, el autor de El nombre de la rosa también se convierte, por un instante, en Hsiang.

“Venga, le quiero mostrar algo”, le dice a la periodista Marina Artusa mientras la conduce hacia un rincón de su interminable biblioteca para mostrarle una primera edición del Ulysses con la firma de Joyce. Es uno de los tesoros que enorgullecen a este bibliómano italiano que ha pasado años recorriendo librerías de viejo para rescatar ejemplares camuflados por la ignorancia de quien los poseía o para encontrar títulos oxidados por el olvido.

¿Dónde irán a parar sus incunables de tapas rústicas y sus rarezas de coleccionista impulsivo cuando él ya no esté? En el libro que reúne sus diálogos con Jean-Claude Carrière (Nadie acabará con los libros , Lumen, 2010), Eco sugiere algunas respuestas: “Una colección de libros es un fenómeno masturbatorio, solitario, y raramente se encuentran personas que puedan compartir nuestra misma pasión. (…) Mis hijos no muestran gran interés. A mi hijo le gusta la idea de que yo tenga la primera edición delUlysses de Joyce, mi hija consulta a menudo mi herbario de Mattioli del siglo XVI, pero eso es todo. (…) Por lo que atañe a mi colección, obviamente no quisiera que se dispersara. Mi familia podrá donarla a una biblioteca pública o venderla en una subasta. En ese caso debería venderse, completa, a una universidad. Esto es lo único que me interesa”.

Mientras algunas bibliotecas póstumas encontraron su lugar en el mundo, otras permanecen extraviadas y un puñado aguarda su destino. Ahora sabemos que la Universidad de Texas pagó 2,2 millones de dólares por los archivos de García Márquez, pero aún se desconoce qué pasara con todos sus libros, que el bibliotecario Iván Granados se pasó más de cuatro años, once meses y dos días ordenando a pedido del escritor.

En el otro extremo de estos anaqueles desorientados está la biblioteca de William H. Scheide, el filántropo estadounidense que murió en noviembre del año pasado, no sin antes disponer la donación de su colección de libros y manuscritos raros –una de las mayores del mundo– a la Universidad de Princeton.

Es probable que Scheide haya sentido que él también podía ser Hsiang, el que custodia los libros.

(*) Enlace de la entrevista:

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Umberto_Eco-sindrome-complot-invade_0_1333066689.html

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Hsiang-guardian-libros_0_1333066683.html

Enlaces relacionados:

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Umberto_Eco-escritor-50anos_0_1333066690.html

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Umberto_Eco-Consideraciones-periodismo_0_1333066691.html

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Umberto_Eco_0_1333066688.html


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