LIBRO DE FRANK BÁEZ

Joan Prats, www.7dias.com.do , 17 febrero 2015

El poeta dominicano Frank Báez lanzó recientemente su último poemario, “Anoche soñé que era un dj”, una edición bilingüe publicada por editorial Jai-Alai Books que mezcla material inédito y ya conocido.

Con esta edición en español e inglés, el reconocido autor amplía el horizonte de su obra y reafirma que la esencia de sus palabras va más allá de los límites del idioma.

¿Por qué publicar en otro idioma?

La idea venía desde hace tiempo. Bueno, todo el mundo quisiera que tradujeran su obra. En mi caso, por ejemplo, no trabajo una literatura muy barroca en la que el español sea tan determinante. Me gusta lo que decía Roberto Bolaño, que la poesía es lo que queda cuando tú la traduces a muchísimos idiomas. Lo que queda es la poesía, no lo que se pierde, sino lo que se gana, ese contenido que puede entrar a otra lengua.

He tenido la dicha de que mis poemas empezara a traducirlo al inglés Hoyt Rogers, un traductor norteamericano muy importante que trabajó en la famosa traducción de la obra de Jorge Luis Borges, sobre todo la poesía, y se da el caso de que vive desde hace 30 años en la República Dominicana. Empezó a traducir mis poemas y se enviaron a revistas norteamericanas e inglesas, y fueron publicados en dos de estas últimas. Fue un apoyo; le dio difusión a mi poesía, algo muy complicado en tiempos en que se escribe tanta poesía, sobre todo si piensas en Internet. Tuve esa suerte, dos de mis poemas traducidos por él fueron publicados en “Words Without Borders”. Me escribió mucha gente, incluso alguien desde Sudáfrica, que tradujo mis poemas al  afrikaans.

Si te quedas en la lengua original puede ser que, lamentablemente, se pierda lo que escribes. Por ejemplo, en la poesía y la literatura dominicanas la mayoría de las grandes obras no están traducidas y es ya muy complicado hacerlo. Cuando una obra no se traduce al momento de ser publicada, cuando pasan muchos años, es  posible que pierda  vigencia e interés. Ha pasado mucho en la literatura dominicana, así que tuve mucha suerte.

“Anoche soñé que era un dj” surge cuando conozco a Scott Cunningham, editor de la editorial Jai-Alai Books. Participé en el festival “O, Miami”, que él organiza en esa ciudad. También me publicaron unos poemas traducidos por él mismo en una revista que edita y que tiene el mismo nombre del festival.

Teníamos la idea de sacar un libro, pero este mismo propósito lo tenía con Hoyt. Al final decidimos publicarlo con la editorial de Scott. La mitad está compuesta de traducciones de Hoyt y la otra mitad, cosas nuevas y algunos poemas antiguos que no habían sido traducidos.

¿Fue difícil proteger de la traducción el rejuego de tus palabras, lograr que no perdieran su esencia? ¿Cómo manejaste eso?

Sí, es muy complejo. Quizás en prosa es más sencillo porque se trabaja más con el contexto. En poesía tienes que trabajar ritmo, cada palabra tiene un significado importante. A veces una palabra sin sentido es lo que le da orden al poema, el ritmo le da orden al poema. Y una de las cosas que es prácticamente imposible traducir es el ritmo. Mi suerte es que los dos traductores que tuve son poetas y gente de oficio, sobre todo en el caso de Hoyt. Él tiene mucha experiencia traduciendo poesía en español, además de otros idiomas, y tenía el contexto que le ofrecen sus 30 años viviendo en el país. Cuando hago una referencia popular o uso “slang”, él sabe de dónde viene y puede inmediatamente identificarlo y buscarle la equivalencia en el inglés. Para mí esto ha sido buenísimo.

En ocasiones juego con el spanglish, hay un juego con el inglés; ellos lo traducían devuelta al español y jugaban un poco con eso. Siento que no es una traducción seca ni formal ni literal, sino todo lo contrario. Hay un juego continuo y prácticamente son reinvenciones de los poemas. Darle esa forma en inglés costó trabajo, discutimos muchísimo. Hay cosas que yo consideraba que no debían ser de una manera y ellos me contradecían. Me di cuenta de que algunas cosas podían resultar políticamente incorrectas en la sociedad norteamericana, nunca lo había pensado.

De alguna manera, la traducción abre nuevas posibilidades a tu propio lenguaje y a la forma en que enfrentas el proceso creativo. Creo que, sobre todo cuando te involucras, aprendes muchísimo sobre tu obra, sobre lo que estás haciendo y sobre tu mismo idioma. No sobre el otro idioma, sino sobre el tuyo, porque estás viendo cada palabra como si fuera un ladrillo para construir algo. Cada palabra está colocada con una intención y eso es buenísimo. Te pone en un buen punto. Me encantó la experiencia.

¿Crees que esta experiencia te influya a la hora de armar otro libro o crear poemas con la idea de traducirlos después?

Sí, porque también piensas en un contexto más amplio. Ya no solo estás pensando en el contexto dominicano o del español. Ya no eres poeta de un lenguaje y eso te da posibilidades. A medida que se va traduciendo, tu obra se enriquece, se convierte en otra cosa. Pienso que quizás la traducción sea la mejor manera de leer una obra, porque lo estás haciendo con toda la conciencia posible de cada palabra, de cada construcción y de cada idea. Es un momento en el que te puedes replantear un montón de cosas y ver tu obra como si fueras otra gente. A mí me parece que eso es buenísimo para un creador: dejar de ver tu individualidad y ver tu obra como algo que pertenece al mundo, tu legado.

¿Cómo fue el proceso de selección del material?

Seleccioné sobre todo poemas que me gustan. Fue eso: el placer de lo que más me gusta. Pero también quería añadir poemas nuevos y quería que la parte en español del libro tuviera su propio ritmo, su propia partitura y que  fueran visibles los diferentes registros que trabajo poéticamente. No es como esa gente que saca solo sus grandes éxitos, odio eso. Tienes que saber cómo organizar los poemas, cómo darles forma, porque un libro es un conjunto.

Pero, te repito, también quería incluir muchos poemas inéditos, no solo aquellos con los que yo me siento seguro, que ya publiqué y que le gente aplaudió. Quería arriesgarme. Quizás no hay tantos poemas con esa visión catastrófica de Santo Domingo, y sí un poco más del poeta. Me gusta mucho el balance entre el discurso poético, cómo entender el recurso del lenguaje de la poesía, pero también el social. O sea, el yo y el nosotros, de qué manera puedes ver el interior y el exterior, de qué manera esas dos cosas pueden convivir. En la poesía trato de manejarme en esos dos registros.

¿Crees que tener poemas anteriores al lado de otros más recientes permitirá al lector apreciar cómo has crecido como poeta?

No sé, quisiera que se viera algún cambio, pero aquí mi intención es que no se sintiera la diferencia del registro, sino que todo va en una misma línea. Cuando me llegó la propuesta, pensé en un libro nuevo, pero después pensé que era muy arriesgado. Tengo poemas que he trabajado en los últimos 10, 12 y 15 años, vámonos por lo fácil. Además, no era el contexto para un libro nuevo, sino para una carta de presentación ante el público norteamericano.

Por otro lado, también están los poemas que tradujo Hoyt, que los tradujo tan bien. Este libro me da ahora la oportunidad de trabajar cosas nuevas y de arriesgarme haciéndolas un poco diferentes. Aunque quizá sean lo mismo, pero por lo menos tratas de intentar. Es un reto. Nadie espera que publiques un libro todos los meses, eso te da tiempo de reflexionar y de darte cuenta de que puedes encontrar una nueva forma de plantearte tu literatura, de encontrar un nuevo lenguaje para decir las cosas. Diría que eso es lo que me emociona de la escritura, lo que me mueve.

¿Qué sientes al saber que hay personas que te llaman el autor nacional de tu generación en poesía y crónica?

Pensaba hace días en Pedro Mir. Estaba haciendo un trabajo sobre él y me decía “¡qué fuerte ese lastre, dizque poeta nacional!”. Creo que una de las cosas que le sucedieron a Pedro Mir por arrastrar esa conciencia del “nosotros”, del “estoy hablando por mi generación”, fue quizá haber perdido la diversión de la poesía.  Cuando juegas fútbol, de diviertes más como amateur que como profesional. Una de las cosas que más me gusta de la poesía es el momento en que eres amateur, cuando no te clasifican, cuando nadie está esperando nada de ti.  Me gusta estar en ese estado de amateur y tener la posibilidad de fallar.

Escribo poemas que espero que queden bien y al final lo que me preocupa es que no se parezcan a otra gente, y no volver a repetir lo que ya dije. Jugar con las palabras, como cuando era niño y no tenía que usar uniforme y jugaba en el patio. Porque las ganas estaban en eso, en sencillamente disfrutar el momento sin ninguna pretensión de convertirte en algo grande. En mis poemas a veces se reflejan un poco el temor de la grandilocuencia, de estar hablando por alguien. Prefiero que la gente descubra algo en los poemas, que se sienta identificada con las emociones, más que con otra cosa.

¿Cómo describirías el ambiente actual de la poesía en la República Dominicana?

Está muy desorganizado. Me he dado cuenta que hay gente que está publicando en México, España, Estados Unidos, Argentina, en lugares tan diversos que a cualquier crítico que quiera hacer un análisis de poesía dominicana actual le va a ser complicado. De pronto tú tienes más poetas dominicanos escribiendo en Madrid que los que están escribiendo en Moca. No creo que esta dispersión ocurriera anteriormente. Pienso que se debe a la falta de revistas y medios.

¿Tu experiencia en la publicación de este libro influirá la publicación de tu próxima obra?

Al traducir te hacen ofertas. Tienes más posibilidades de publicar en otros sitios; en verdad se siente bien cuando acabas un libro y sabes dónde puedes ir a publicarlo. Y puedes presentar el libro en diferentes contextos, en diferentes lugares.

Lo fantástico es que hay una posibilidad que en Latinoamérica no se ha tomado en cuenta, que es que la academia norteamericana. Te puedes pasar meses yendo de universidad en universidad presentando libros, haciendo cosas. Es un mundo grandísimo. Hay muchísima gente que está interesada en lo que está pasando en la República Dominicana. Cuando tienes una traducción es mucho más fácil que las cosas se muevan, que se difundan. Estar publicado en otros idiomas te ayuda a moverte en otros ámbitos, de presentar tu libro en otros lugares y, finalmente creo que en esta época, a diferencia del siglo anterior, los autores viajan más que los libros. Generalmente, estás vendiendo más libros cuando vas a presentarlos a otro lugar.

http://www.7dias.com.do/cultura/2015/02/17/i182494_frank-baez-esencia-universal-poesia.html#.VOM0_qjkdZg

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