Jimmy Hungría [Buena Lectura]
Dos artículos publicados en la sección sabatina Lecturas, de Diario Libre, el 31 de diciembre pasado (“Antes de que el tiempo se acabe”, por Aníbal De Castro, y “Boga que Boga”, por José Del Castillo), me motivan a actualizar la sugerencia que hice, tanto en mi libro “Gastronomía musical y bibliografías en construcción” (Editorial Letra Gráfica, 2009) como en la conferencia “Apuntes para una bibliografía gastronómica dominicana” que ofrecí en el Pabellón Libro Cocina de la XIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2010:
“Sería bueno publicar una antología de textos dominicanos de poesía y narrativa que posean algún contenido gastronómico, en la cual podrían figurar, entre otros (y solo pongo ejemplos de la primera década del presente siglo, excepto uno), los cuentos de Pastor de Moya, “El asado” y “Las niñas que comían cerezas para espantar la muerte”, de su libro “Buffet para caníbales” (Isla Negra, 2002); de Julia Álvarez, “A Cafecito Story / El Cuento del Cafecito” (Chelsea Green Publishing Company, 2002); de Manuel García-Cartagena, “El big vino” y “La pensión”, de su libro “Historias que no cuentan” (Ediciones Librería La Trinitaria, 2003); de Mario Dávalos Perdomo, “Las galletas” y “Mario y su nostalgia gastronómica”, de su libro “Narraciones para incriminarme” (Shampoo, Amigo del Hogar, 2003); y del puertorriqueño aplatanado Pedro Cabiya, “Fin de un amor imposible”, de su libro “Historias atroces que fragolla la voraz hiena para comerse a la liebre perspicaz” (Isla Negra, 2003); así como un pasaje de la novela de Carmen Imbert Brugal, “Sueños de salitre” (páginas 56 y 57 de la primera edición, Norma, 2006) y los pasajes de las novelas que menciona Sélvido Candelaria en su conferencia “La presencia culinaria en la novelística dominicana” (ofrecida el 1ro. de octubre de 2011 en la Tertulia Letras de la Academia, en la Academia Dominicana de la Lengua); el poema de Julio Vega Batlle, “Gastrosofías” (del cual cito estas breves palabras: “Ahora te miro emparrillar a la yuca radicosa, al plátano bellaco y a la tímida batata. Verdiforme, al tajador cuchillo se me ofrece el aguacate y en la canasta observo a la escuálida lechuga, cabizbaja siempre…”); y poemas de Gustavo Periche, Ginny Taulé e Irina Miolán publicados en la sección Rincón poético de la revista Gastroteca, cuyos mencionados director y editoras (Emil, Mónica y Paula Vega) darían un palo si publican un libro que recopile los artículos y recetas que han escrito en su magnífica revista, la cual dedican (según anunciaron en la página 6 de su primera edición) “a quienes continuamente se asombran al descubrir la lírica de un moro de guandules, quienes celebran el matrimonio de la albahaca y el tomate, quienes encuentran un poema en un paté de ganso y una balada en unas codornices al vino”. (Otro palo podría darlo Diario Libre si publica un libro que recopile los artículos aparecidos en la sección Entre fogones de su revista sabatina Estilos).
Además de poesía y narrativa, la sugerida antología pudiera incluir breves ensayos y artículos, dispersos en periódicos y revistas, de ciertos autores, muchos de los cuales registra Xiomarita Pérez en su libro “Biblio-hemerografía de la cultura tradicional y popular de la República Dominicana” (Secretaría de Estado de Cultura, Amigo del Hogar, 2009), como por ejemplo (entre otros), Félix Servio Ducoudray (“El pescado con coco de Samaná”, Ahora, número 702, 25 de abril de 1977); Carlos Esteban Deive (“Las influencias africanas de la cocina criolla”, Ahora, número 720, 29 de agosto de 1977); Manuel García Arévalo (“El lerén y la batata, aportes indígenas a la tradición de Navidad”, Isla Abierta, Hoy, 21 de diciembre de 1985); Fradique Lizardo (“Introducción al estudio de la cocina folklórica dominicana”, Isla Abierta, Hoy, 18 de diciembre de 1987, y “Aportes de nuestros aborígenes a la dieta dominicana”, Boletín del Museo del Hombre Dominicano, número 27, 1999); Enriquillo Sánchez (“La mejor paella del mundo”, El Siglo, 16 de agosto de 1991); Marcio Veloz Maggiolo (“La yuca: un alimento de los dioses”, El Siglo, 29 de enero de 1992, y “Sazones rebeldes”, Listín Diario, 30 de julio de 2009); Pedro Delgado Malagón (“Analectas del festín” y “Ditirambo al sancocho de siete carnes”, Rumbo, números 22 y 225, 27 de junio de 1994 y 25 de mayo de 1998); Dagoberto Tejeda Ortiz (“Los orígenes de la gastronomía dominicana”, Última Hora, 17 de noviembre de 1996); Bernardo Vega (“Casabe Nostrum” y “Nuestro lerén taíno”, Gastroteca, números 3 y 13); Wenceslao Vega (“El comer de los dominicanos a través del tiempo… Una mini gastro historia”, Gastroteca, números 6 y 7); Mario Dávalos (“Antes que digan berenjena” y “La vuelta al mundo en ochenta cocinas”, Gastroteca, números 3 y 8); José Guerrero (“Antropología de la cocina dominicana: El caso de las habichuelas con dulce”, Revista Dominicana de Antropología e Historia, número 68, enero-junio 2006); Genaro Reyes (Cayuco) (“Los ñames”, Vetas, número 85, mayo de 2008); José Báez Guerrero (“Ya están llegando los rolones”, “Una retrasada corrección sobre el plátano”, “El hambre como maestra de cocina”, “Estos friítos están para caldos y sopas” y “Una receta de crema de papas”, Hoy, 9 y 20 de enero y 16 de julio de 2009, 21 de diciembre de 2010 y 9 de agosto de 2011); Carlos Andújar Persinal (“Cocina, paladar y cultura”, Clave Digital, 6 de marzo de 2009); Arturo Rodríguez Fernández (“De jamón y queso”, que fue su última columna Diario Urbano, publicada póstumamente en la revista Estilos, de Diario Libre, el 3 de julio de 2010); Federico Henríquez Gratereaux (“Digestivos-soñativos”, Hoy, 29 de diciembre de 2010); Monseñor Ramón Benito De La Rosa y Carpio (“La bandera dominicana”, Listín Diario, 9 de junio de 2011); Ginny Taulé (“Gastronomía para el corazón”, revista Estilos, de Diario Libre, 18 de junio de 2011); y Pedro Conde Sturla (“Mesa revuelta”, El Caribe, 29 de junio de 2008). Este último afirma: “Para muchos puede parecer sacrílego hablar de cultura y literatura en términos culinarios, pero la cultura y la literatura tienen mucho que ver con la comida”.